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La bolsa y la muerte

febrero 6, 2008

Anoche escuchaba un noticiario que me interesa más que ningún otro, y que presenta el periodista Iñaki Gabilondo junto a una mujer que no puede ocultar en su expresión no sólo la admiración que siente por su compañero, sino también la nobleza necesaria para observar la virtud. Ambos me dieron a conocer una noticia asombrosa que deseo reproducir aquí. Permitidme que entre tanta miseria humana y sangre de inocentes derramada a diario, haya escogido, al menos por esta vez, una noticia que tiene que ver con nuestro más absoluto desprecio por el entorno en el que vivimos. Desprecio que, en mi opinión, no deja de ser otra variante del que mostramos hacia los demás y, tal vez, del escaso aprecio que sentimos por nosotros mismos. Resulta que las corrientes oceánicas han acumulado en el océano Pacífico una parte de la basura que todos los días arrojamos al mar. Por lo visto existen, casi inmediatamente por debajo de la superficie, dos grandes depósitos flotantes, uno de ellos cerca de las costas japonesas, el otro en las proximidades de las islas Hawaii. El 90% de los desperdicios acumulados son plásticos y el 70% de ellos son bolsas como las que se apresuran a darte en los grandes almacenes, o como esas realmente innecesarias que con tanta frecuencia esperas tener para llevarte cualquier cosa a casa. Se ha estimado que hay 100 millones de toneladas de bolsas de plástico ocupando un área total de 20 millones de kilómetros cuadrados. Esto es aproximadamente el doble de la superficie de los Estados Unidos, y para aquellos que no viajen mucho o no sepan lo que es un atlas, recordaré que semejante tamaño equivale a unas 35 veces España. Otra cifra aportada en el breve reportaje, que terminó por agrandar mis ojos y puso en evidencia mi falta de habilidad con los Spaghetti, fue que el inmenso continente de bolsas que flota en los bellos mares del Sur es la responsable de la muerte de un millón de aves cada año. Claro que mi espíritu parecía tranquilizarse y mi cuerpo continuó con la última ingesta del día, cuando un portavoz de Greenpeace nos informó de que las bolsas son perecederas. Sin embargo, cada una de ellas dura por término medio ¡cinco siglos!, así que, finalmente, y como suele ocurrir con los noticiarios, también mi espíritu hubo de tragar.

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