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El fluir de la verdad

febrero 14, 2008

Un maestro zen se hallaba en su lecho de muerte. Todos los monjes y novicios se hallaban a su alrededor en una suerte de semicírculo rodeando al maestro como si fuera un abanico. El monje superior le pide al maestro si deseaba decir algo antes de morir. A lo cual el maestro responde: —la verdad fluye, pero siempre retorna al origen. La enigmática sentencia fue recogida por el monje superior quien a su vez la comunicó al monje que le seguía en rango, y éste a su vez a los otros monjes y así sucesivamente, hasta llegar al novicio que se hallaba al lado del maestro, quien no pudiendo penetrar en el significado de aquel pensamiento, le pide al moribundo que le ayude a comprenderla: —maestro, ¿cuál es el significado de su máxima? —acabas de verlo por ti mismo, hijo.

La verdad es algo que se vive y quien escucha su propio interior, quien es sincero consigo mismo, como hizo el novicio, participa de ella. Porque la verdad fluye, participar de ese movimiento es vivir de acuerdo con ella. Vivir de acuerdo con la verdad es reconocer nuestra ignorancia, pues lo que importa es la pregunta, que estando en tu interior no te pertenece. La respuesta, que te das tú mismo, proviene de afuera. La verdad es así paradójica y no se deja sujetar. Por eso, quien impone su respuesta obstaculiza el movimiento de la verdad, que es la pregunta que nos implica a todos. Claro está que esto que digo no es la verdad, sino sólo una respuesta sincera.

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