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El amor es difícil

febrero 21, 2008

Uno de mis poetas favoritos, Rainer Maria Rilke, escribió sobre el amor a Friedrich Westhoff el 29 de abril de 1904:

El amor es una cosa difícil, y es más difícil que otras cosas, porque en otros conflictos la propia naturaleza exhorta al hombre a concentrarse, a reunir todas sus fuerzas con firmeza, con energía, mientras que en la intensificación del amor el estímulo consiste en darse del todo. ¿Pero […] puede ser hermoso el darse, no como algo completo y ordenado, sino al azar, pedazo a pedazo, como lo disponga la casualidad? Ese entregar, que se asemeja tanto a un arrojar y a un desgarrar, ¿puede ser algo bueno, puede ser dicha, alegría, progreso? No, no puede serlo… Cuando regalas flores a alguien, antes las arreglas, ¿no es cierto? Pero los jóvenes que se quieren se arrojan el uno al otro con la impaciencia y la premura de su pasión, y no se dan cuenta de la falta de mutua estima que hay en esa entrega desordenada; sólo lo advierten después con asombro y enojo, por la desavenencia que surge entre ellos a causa de todo ese desconcierto. Y cuando se ha instalado entre ellos la desunión, entonces crece la confusión con cada día que pasa; ninguno de los dos tiene ya en su entorno nada entero, puro e íntegro, y en medio del desconsuelo de una ruptura tratan de retener la ilusión de su dicha […] En su inseguridad, el uno es cada vez más injusto con el otro; quienes querían hacerse bien mutuamente se tratan de manera dominante e intransigente, y en su empeño por salir de algún modo de ese insostenible estado de confusión, cometen el mayor error que se puede dar en las relaciones humanas, pierden la paciencia. […] Vivir es transformarse, y las relaciones humanas, que son un compendio de la vida, son lo más cambiante de todo, suben y bajan de un minuto a otro, y los amantes son aquellos en cuya relación y en cuyo contacto ningún instante es igual al otro. […] Existen tales relaciones, que deben de ser una dicha inmensa, casi insoportable, pero sólo pueden surgir entre personas muy ricas y entre aquellas que son, cada una de por sí, ricas, ordenadas y recogidas; sólo dos mundos vastos, profundos, autónomos, pueden contraer tales vínculos. [Los jóvenes] Cuando aman no han de olvidar que son principiantes, ignorantes de la vida, aprendices del amor: han de aprender el amor y para eso hace falta (como en todo aprendizaje) sosiego, paciencia y recogimiento. Tomar en serio el amor y sufrir y aprender como en cualquier trabajo. […] Por tanto, quien ama ha de intentar comportarse como si tuviera un gran trabajo; ha de estar mucho a solas y centrarse en sí mismo y reunir con determinación todas sus fuerzas y mantenerse firme; ha de trabajar; ¡ha de llegar a ser algo! Porque cuanto más se es, tanto más rico es lo que se vive. Y quien quiere tener en la vida un amor profundo, ha de ahorrar y recolectar y almacenar miel.”

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