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Creación por sustracción

febrero 26, 2008

En un libro aborrecible, el astrofísico Bernard Haisch relata una bella metáfora de una idea que sospecho fue discutida por los cabezas cuadradas desde hace siglos. Ya no recuerdo dónde la hallé por primera vez, pero quiso llegar a ser algo, una alternativa a la creación a partir de la nada. Quizás más inteligible para la mente medieval, temerosa de los vértigos del vacío, el horizonte interminable se prefiere al precipicio absorbente, y la cantidad exultante a una insultante presión negativa. Por alguna intrigante razón, creemos comprender mejor la eternidad, incluso el infinito, que la ausencia; tal vez porque la eternidad es de algo, y se imagina ese algo a continuación de lo mismo indefinidamente, y cuando algo se quita de una infinidad, ¿acaso no queda la infinidad misma?, pues la eternidad es infinita abundancia, mientras que la nada es la extrema carencia. Así, ¿cómo sacar algo de la nada? De la nada, nada puedes sacar, eso es todo. Pero si la totalidad multicolor girase vertiginosamente, toda la luz que veríamos sería blanca, y esa sería toda la nada en el principio, un todo invisible. Luego, ver sus ojos verdes es ver la nada, que ha dejado escapar para mí prados húmedos por la mañana, ¿no es cierto? Imagina un proyector de diapositivas dirigiendo su luz sobre la pared, no hay nada. Cada diapositiva representa, sin embargo, un filtro que absorbe los colores apropiados en puntos determinados. Como consecuencia de esta sustracción dirigida se crea una imagen. La luz blanca tenía un potencial infinito, y fue “limitando lo infinitamente posible que se crea lo finitamente real”. Algunas personas intuyen en el origen una conciencia infinita, la mente de Dios, y todo vendría a la existencia como consecuencia de una sustracción inteligente a través de su pensamiento. Se daría así un proceso de concreción de lo absoluto, y la conciencia humana supondría un último brillar de la luz original en un cosmos con propósito. A la imagen de Dios, también el ser humano sería capaz de moverse entre lo concreto y lo absoluto, y también su realidad estaría conformada por el filtro de su propia conciencia individual, que no sería otra que la de todos, la misma que subyacería en todo. Dicen que una vez que atraviesas el claro al final del camino se ve una luz blanca. Un hermoso consuelo a nuestra soledad.

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