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Cómo cambiar el mundo

marzo 5, 2008

Bajo las ramas de un árbol, al borde del camino, se hallaba un derviche contemplando el valle. Un joven, visiblemente perturbado, llegó hasta él y le dijo: —“¡He visto un siniestro espectáculo!, vuelvo de la ciudad y sólo he visto robos, pillajes, saqueos, hambre y violencia. Reina el caos allí. ¿Qué se puede hacer? ¿Qué debo hacer? Entonces el sabio dijo: —“Ven a sentarte aquí un momento, junto a mí”. El derviche y el joven permanecieron allí durante más de una hora. Luego, el Maestro se incorporó y ambos se dirigieron al camino. Durante su marcha iban contemplando el bosque, admiraron la fortaleza de los árboles, su frondosidad mecida por la brisa, y escucharon el canto de las aves. Hacia el atardecer, llegaron a la ciudad de la que venía el joven y vieron que todos allí descansaban plácidamente y todo irradiaba paz. Al recorrer el pueblo, el estudiante le dijo al Maestro: —“Sin embargo, esta mañana todos discutían acaloradamente, y se peleaban…” Mientras el Maestro y el joven se alejaban de allí, éste no pudo contener su sorpresa: — ¿Qué ha ocurrido Maestro?, por la mañana vi desolación y la ciudad estaba convulsionada”. —Es sencillo. Eras tú mismo quien estaba en formación de batalla. Lo que reside en tu interior se multiplica fuera de ti.

Ocurre con demasiada frecuencia que llevamos la agitación con nosotros. La ansiedad que sufrimos debido a nuestra falta de confianza es lo que terminamos compartiendo con los demás. Entonces nuestro alrededor se corrompe. No sólo nuestra visión se deforma, sino que finalmente deformamos la misma realidad. Si quieres cambiar el mundo, cambia primero tu corazón o, mejor dicho, exprésalo sin tapujos. Compadece al que te hizo daño por ignorar todo el que se inflige a sí mismo, y sigue tu camino, no permitas que llegue a enturbiar tu interior. Todo lo grande empieza por lo pequeño.

Adaptación de un cuento Sufí

 

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From → 13. Lo último

5 comentarios
  1. Esta es una de mis máximas. Recuerdo cómo era antes y cómo soy ahora. Antes intentaba cambiar el mundo a golpes, luchando contra olas invencibles.
    Desde hace unos años, al cambiar mi interior intento llevar ese estado a los que me rodean y resulta más fácil navegar por un mar en calma.
    El mundo se cambia actuando desde dentro, pero a veces da tan pereza…

  2. luciernagas permalink

    Te agradezco que compartas esa voluntad conmigo y con cualquiera que lea esta historia.

  3. El hombre tiene oportunidades constantemente para hacer cosas buenas. Sólo debe ser capaz de pararse a contemplarlas. Eso es lo realmente difícil. Somos unos “energívoros”, y quizá el inminente cambio climático nos de una oportunidad para cambiar tendencias globales.
    Debemos ser más humanos, porque somos humanos, no bisagras de un sistema. Enhorabuena por el blog!!
    Ignacio.

  4. luciernagas permalink

    Gracias, Ignacio.

  5. En cierta ocasión se desarrolló un interesante ejercicio, en el que a un variopinto grupo de personas se le proporcionó una sencilla cámara compacta (de las que sólo permitían encuadrar y disparar) y unos cuantos carretes. Durante unas horas todos recorrieron la misma ruta, y con la cámara cada uno dejaba constancia de lo que veía. El resultado me dio mucho que pensar: parecía que cada persona vivía en mundos absolutamente diferente, y, más allá de ser esto una simple apreciación subjetiva, tenía un reflejo material, palpable, en las fotos que tomaron, en sus miradas. Recorriendo el mismo camino, unos atraviesan el cielo, otros el infierno…
    Unas cuantas reflexiones relacionadas con esto. El mundo se realiza, se actualiza miles de veces por segundo (en antiguo textos hinduístas incluso se precisa esta cifra, quizás la física haya llegado también a esta cifra, lo desconozco); cada uno tenemos una absoluta responsabilidad del mundo que creamos (una vez que intuyes esto, no hay espacio para la queja o el lamento); a mayor energía creativa mayor capacidad para suavizar nuestro paisaje circundante (tomar las riendas) y a mayor rigidez en nuestra concepción de la realidad, menor energía creativa (imaginación activa); tremendo el poder de una sonrisa tan leve que ni siquiera eleve las comisuras de tus labios; una casa abandonada se deteriora rápidamente; nadie conoce el sabor de una manzana…

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