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Equivocación

marzo 6, 2008

Sobre lo más importante, son los hechos los que deben hablar a diario y las palabras casi siempre están de más. Con frecuencia, obnubilan y son causa de extravío en el camino. Pero me atreveré a añadir que la lealtad a uno mismo nunca debiera causarnos desánimo o suponer un gran esfuerzo porque actuar de acuerdo con ese movimiento es lo más sencillo, al menos mientras no se haya sido maltratado. Sólo llega a complicarse cuando hay lastres que deben quedar atrás, ya que ese trabajo de higiene personal suele exigirnos. Sin embargo, el movimiento más suave, de menor resistencia, nos atraviesa. Para sintonizar con él no hay más que permanecer atento. En cierto modo, es preciso hacerse transparente para él. Pretender ser lo que no somos rompe esa armonía con lo que nos rodea porque, en cada momento, no se puede ser otra cosa que lo que se es. Nuestra insistencia o afán de intervención en un sentido diferente implica aumentar nuestra opacidad y, siento yo, origina desorden y caos en nuestras vidas. Entonces nada se encuentra en su sitio ni en calma. La libertad no es imponerse a sí mismo para ser cualquier cosa que se quiera ser, sino llegar a saber quien se es para así poder vislumbrar la plenitud personal. No se trata pues de conformismo, sino de verdadera transformación. Este caminar no es un acumular sino un liberarse. Se trata de algo espontáneo, natural, pero es también un caminar en la más absoluta intimidad, a lo largo de una senda que cada cual ha de hallar en su interior. Así pues, busca tu soledad y busca en tu soledad, y prepara las flores de tu interior, como había dicho Rilke. No pretendas a los demás mientras no estés preparado, y, cuando esto ocurra, déjate caer delicadamente sobre el mundo amando con todas tus fuerzas. Lo que te parece ahora un suicidio en un planeta dolorido, debilidad, un exponerse imprudente, un hacerse vulnerable, será, sin embargo, tu mayor fuerza, dado que es lo único que verdaderamente se mueve según su propia naturaleza. Eso sí, no cometas mis errores, no le dediques ni una palabra. Vívelo en silencio, como las hemorroides.

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