Skip to content

La revolución femenina

marzo 24, 2008

Generalmente, diferenciamos un tiempo para ganarnos la vida y un tiempo de ocio. Cuando se dice que el tiempo es oro, insistimos en lo valioso que es el tiempo intercambiable por dinero, habitualmente empleado para el acaparamiento de más dinero o en incrementar nuestras posibilidades de ocio. Ese tiempo productivo sirve además para obtener prestigio y reconocimiento social, pues nada valoramos tanto como la riqueza material. Tradicionalmente, la mujer accedía al prestigio social a través de su marido, ya que un buen marido entregaría el producto de su trabajo, el dinero del que disfrutaría la familia. Y si podía dedicarse plenamente al trabajo era porque había una mujer esperándole para cuidar de los suyos. La contribución de la mujer no consistiría en incrementar el tiempo productivo de la familia, sino en dedicarse al cuidado y educación de los hijos, esto es, a lo que se denomina a veces como un tiempo reproductivo. Un tiempo que no se valora. Una buena mujer era la que se dedicaba gratuitamente a la familia, pues había una función esencial que realizar, imposible para el hombre ocupado en ganar dinero. Es evidente que las cosas han cambiado mucho, y aunque todavía queda camino por recorrer hacia una situación de igualdad que implicaría un reparto equitativo de los tiempos productivo y reproductivo para hombres y mujeres, sin duda, se han logrado avances sustanciales. Sin embargo, las cosas han alcanzado un estado en el que todos, especialmente las mujeres, podemos permitirnos ser incluso más ambiciosos. En mi opinión, las feministas se equivocan cuando entienden la liberación de la mujer como una especie de imitación o reflejo de patrones masculinos, en lugar de identificar lo que es específicamente femenino y afirmar esa feminidad sin complejos. Porque hombres y mujeres no somos iguales. Pero el mundo está construido desde una visión esencialmente masculina, y por ello está desequilibrado. Necesita más que nunca de esa contribución femenina, más dialogante, menos belicosa, que implique una verdadera revolución. El éxito social no debe ser identificado con la acumulación de objetos, ni el ocio con el gasto de dinero. Pienso que lo productivo, lo útil, lo mercantil, está sobrevalorado e impregna las relaciones humanas corrompiéndolas hasta la raíz. No todo tiene un precio ni se puede comprar con dinero. Es tiempo de que la mujer nos ayude a liberarnos del yugo capitalista, pues sabe mejor que nadie de la importancia en sociedad de la actividad gratuita, de la solidaridad y de la dedicación a los más débiles. Sabe mejor que nadie que lo más valioso no es lo que más vale, y que si el tiempo reproductivo es tan valioso es precisamente porque es gratuito. No quisiera que las mujeres vengan simplemente a competir con los hombres en el mundo tan deficitario que hemos construido, sino que nos ayuden a desembarazarnos de él con la restauración de un equilibrio perdido. Las mujeres siempre han tenido la llave por haberse quedado en casa. Ahora, que felizmente salen de ella, que sea para, entre todos, utilizar esa clave que lo cambia todo, en lugar de ocultarla bajo el felpudo.

Anuncios

From → 06. Seísmos

One Comment
  1. Marian permalink

    Gracias por dedicarnos esta reflexión. Concuerdo totalmente con lo que expresas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s