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El yo desmemoriado

marzo 26, 2008

Por lo que yo recuerdo, no hay nada parecido a “Memento”. La trama de esta película es relativamente sencilla, pero la manera de contarla resulta extraordinaria, de atrás adelante. Esto obliga al espectador a reconstruir el sentido de la historia a través de la memoria, precisamente lo que le falla al personaje principal. Pero, al mismo tiempo, el espectador permanece ignorante de las causas, lo que implica una cierta vivencia de lo inmediato desconectada del pasado, como le ocurre al desmemoriado. Aquel hombre lo olvidaba todo a los pocos segundos o, mejor dicho, su memoria estaba anclada en un tiempo pasado, a partir del cual ya no podía recordar nada más. Incapaz de recordar su presente, era el recuerdo de su pasado y la conciencia de su propio cuerpo lo que le servía para fundamentar su individualidad. Sobre el cuerpo que sentía suyo tatuaba cada instante que deseaba recordar, convirtiéndolo en una personalísima obra de arte. Aunque no son frecuentes, existen casos de personas para las cuales el tiempo ciertamente se detuvo. A partir de entonces perdieron toda posibilidad de conectar sus sensaciones de una manera coherente. Se conoce como síndrome de Korsakov y está causada por la degeneración de unas estructuras cerebrales denominadas cuerpos mamilares debido al consumo excesivo de alcohol. ¿Por qué bebes?, bebo para olvidar que bebo. Existen algunos casos similares, pero que afectan a una fracción específica de la memoria. Así por ejemplo, algunos individuos están corticalmente ciegos, es decir, no sólo no ven, sino que no recuerdan ninguna imagen, incluso han olvidado la misma idea de ver, por lo que no sienten pérdida de ningún tipo. Ojos que no ven, corazón que no siente. Un paciente del conocido neurólogo Oliver Sacks tenía lo que parecía el síndrome de Korsakov. La vida de aquel hombre se había detenido en 1945. Después de tratarlo, el Dr. Sacks, en colaboración con su mentor A. R. Luria, llegó a una interesante conclusión. Lo que sirve para constituir el yo es más que la memoria y un cierto sentido de la propiocepción, existe una relación estética con el mundo que, en la medida en que se vive, contribuye a conformar nuestro interior. Para ello no se precisa el recuerdo, sino la atención. Por muy grande que sean la lesión orgánica y la devastación de la memoria, su experiencia con este paciente le indicaba una posibilidad de reintegración a través del arte. El arte le servía de memoria porque remitía al momento pasado mediante la emoción.

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