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Pan y agua

abril 8, 2008

Un calentamiento global puede ser causa de un enfriamiento local. El cambio climático al que estamos asistiendo, cuya evidencia ha sido reconocida con interesada parsimonia, podría causar el deshielo de gran parte de Groenlandia. Si esto llegase a ocurrir, una ingente cantidad de agua helada caería sobre la corriente cálida del Golfo interrumpiéndola. De esta manera, se vería abortado un fenómeno natural de calentamiento a través del globo, lo cual conllevaría el nacimiento de un período de glaciación en Europa y en el este de los Estados Unidos. La glaciación supondría un síntoma más del proceso autodestructivo al que tan diligentemente parece estar dedicada nuestra especie. Las especies se extinguen cuando son incapaces de adaptarse al medio, ya sea porque perdieron su variabilidad genética, bien porque los cambios son tan drásticos y acontecen tan súbitamente que fue inútil afrontarlos. No sin cierta ironía, podemos afirmar que la especie humana muestra signos evidentes de no poder adaptarse a cambios en su entorno, quizás demasiado rápidos, causados por él mismo. Opino que desequilibrio tan estúpido nace, en esencia, del olvido de lo que se es, de un humanismo olvidado. La falta de adaptación se manifiesta como una deshumanización, que contribuye a acelerar la destrucción de nuestra casa. Así es como el agua congelada señalará, una vez más, lo que no se adapta, lo inflexible, lo inmóvil, lo que muere. Pero lo que muere suele fertilizar la tierra, da lugar a la vida, y es causa de nuevas adaptaciones. De hecho, el agua congelada contribuyó a nuestra aparición. Aunque todavía no se han encontrado sus restos, hay quien ya ha denominado al ancestro común que compartimos con los chimpancés como Pan prior. Hace unos ocho millones de años una glaciación provocó la fragmentación de los extensos bosques que cubrían el valle del Rift, en África, el lugar en el que vivía este primate. La mayor parte de la humedad que los alimentaba fue literalmente retenida alrededor de los polos, y los bosques fueron diezmados por la sabana. Como consecuencia de ello, algunas poblaciones de P. prior se aventuraron en ella, mientras que otras permanecieron en la selva. Todavía hoy, algunos chimpancés (Pan troglodytes) “dan el salto”, a pesar del riesgo que ello implica. A merced de los depredadores, sin poder ver nada por causa de la hierba tan alta, se elevan sobre sus miembros posteriores para otear el horizonte a la búsqueda de un árbol aislado al que puedan correr en caso de peligro. Ya fuera por afán de nuevas emociones o por necesidad, aquel osado movimiento conduciría a una adaptación esencial, el bipedismo. No será hasta mucho más tarde cuando los descendientes de aquellos primeros valientes despierten en Gaia lágrimas de tristeza.

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