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Historia infumable

abril 24, 2008

En 1992, Reynolds Tobacco Company, propietaria de las marcas Winston y Camel, contrató a un actor para una de sus campañas publicitarias. Este hombre observó que ninguno de los directivos de la compañía fumaba, así que se le ocurrió preguntar a uno de ellos el porqué. La respuesta que obtuvo fue la siguiente: “Porque es una mierda. Nosotros nos limitamos a venderla. Eso de fumar es cosa de jovenzuelos, pobres, negros y gilipollas”. No se trata únicamente de palabras. En los últimos años, las grandes tabacaleras norteamericanas han intensificado su negocio en los países en vías de desarrollo e invertido más dinero en publicidad dirigida a los jóvenes. Particularmente, parecen estar interesados en los adolescentes. Esto se debe que las tabacaleras explotan la adicción a la nicotina, y el mercado a largo plazo se halla en los no adictos. Un documento interno de 1978 perteneciente a H. D. Steele y Brown & Williamson Tobacco Corporation incluía la afirmación: “Una cantidad considerable de consumidores son conscientes de lo que es la nicotina, una sustancia adictiva y un veneno”. C. H. Teague Jr., director del departamento de investigación y desarrollo de Reynolds escribió en uno de sus informes: “En cierto sentido, la industria tabacalera es una rama sumamente refinada y especializada de la industria farmacológica. Sus productos se centran tan sólo en la administración de nicotina, una droga muy potente con una gran variedad de efectos psicológicos […] el tabaco, de hecho, no es más que el vehículo empleado para suministrarla”. La nicotina es altamente adictiva y se ha demostrado que en los últimos treinta años desarrollaron investigaciones encaminadas a modificar la molécula con el fin de aumentar la adicción disminuyendo la dosis. Por otro lado, se sabe que han diversificado sus intereses económicos y se sospecha de alianzas entre las tabacaleras y las compañías farmacéuticas dedicadas al desarrollo de terapias contra la adicción. Un fumador inhala aproximadamente un miligramo de nicotina por cigarrillo y un 25% de esta cantidad alcanza el cerebro en menos de siete segundos. Pero el humo de un cigarrillo contiene más de 4.000 sustancias diferentes, incluyendo carcinógenos de varios tipos. Los más importantes son los hidrocarburos aromáticos policíclicos, las arilaminas y las N-nitrosaminas. La transformación de estas sustancias depende del organismo del fumador, de ahí que no todos sufran los mismos efectos. Sin embargo, se ha demostrado, fuera de toda duda, que hay una relación directa entre el tabaco y varios tipos de cáncer. Además, es un factor determinante en el desarrollo de enfermedad cardiovascular, lo que incluye al fumador pasivo. De hecho, varios estudios de la American Heart Association concluyeron que las personas que se encuentran habitualmente en lugares con altas concentraciones de humo procedente del tabaco tienen un riesgo de muerte, ocasionado por un trastorno coronario, un 30% mayor. Desde 1950 hasta el año 2000, se ha estimado que el número de muertes anuales en el mundo debidas al tabaco oscila entre los dos millones y medio y los cinco millones.

Datos publicados por Dan Agin, editor jefe de Science Week

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