Skip to content

Pseudoprofundidad

abril 28, 2008

Nada de lo que afirmo es nuevo. Si acaso es nuevo para mí, que al sentirlo o pensarlo lo exploro de nuevo con la escritura. Por supuesto, datos y acontecimientos, pero incluso las ideas toman forma a partir de lecturas y conversaciones. Unas veces las interpreto, las medito, las llevo a cierta profundidad para rescatarlas después agonizantes, otras veces simplemente las comparto y decido transmitirlas. En ocasiones, tengo la impresión de compartirlas antes incluso de conocerlas, en otras, soy consciente de que las pensé antes de haberlas leído. Cuando estoy en desacuerdo, procuro exponer mis razones. En cuanto a los sentimientos, en esencia serán los mismos que surgieron en cualquier momento de la historia que albergase un corazón humano. Así pues, no pretendo ser original más que, tal vez, en la forma, y en la medida en que soy único con todo ese espíritu compartido. Pero sospecho que en más de una ocasión resulto opaco o innecesariamente críptico. Por supuesto, mi intención no es parecer profundo. La pseudoprofundidad es un recurso dialéctico que desprecio porque constituye un engaño. Decía Peter Medawar que aquellos que escriben oscuramente o no saben escribir o traman alguna canallada, y no le falta cierta razón. Al menos existen tres maneras de parecer profundo. La primera de ellas es apelar a paradojas. Por ejemplo, afirmar algo como “la sabiduría reside en no saber” o “conocer es ignorar”. Sin embargo, es evidente que el uso de paradojas o contradicciones no indica necesariamente pseudoprofundidad. Así, detrás de afirmaciones aparentemente contradictorias puede haber verdadera profundidad, aunque, ciertamente, debiera ser explicada. Una especie de pensamiento jánico, que es una constante en muchos de mis escritos, constituye un modo de razonar que trata de poner de manifiesto la fertilidad en la contradicción o la insuficiencia del lenguaje a la hora de describir lo real. Pienso que la realidad transciende al lenguaje. Digamos que hay una realidad inefable, que sólo puede mostrarse más que demostrarse o describirse racionalmente. La poesía y el mito apuntan a esa dimensión de la realidad no reducible lógicamente. La contradicción puede suponer un síntoma de esa impotencia y, por tanto, una puerta abierta, pero también señalar la mera superchería, es cierto. En segundo lugar, uno puede parecer profundo presentando afirmaciones banales como si fueran profundas. El filósofo Nigel Warburton señala que esta es una estrategia comúnmente adoptada por los psicólogos cuando, por ejemplo, dicen con severidad en el rostro: “cuando nacemos, todos somos niños” o “los adultos no siempre son amables con los demás”. Finalmente, una tercera forma de causar pseudoprofundidad consiste en la formulación de preguntas retóricas que no se tiene la intención de responder: ¿realmente podemos ser profundos?

Anuncios
2 comentarios
  1. AleX permalink

    Excelente. En mi opinion, una persona profunda es aquella que, luego de dar su punto de vista, sigue siendo una persona interesante y congruente… Alguien con quien sabemos que podremos mantener una conversacion fluida y llena de conocimientos… O alguien que escribe un blog, pero no cualquier blog, me refiero a un blog en el que el lector se toma unos minutos u horas para nutrir sus conocimientos y, al dia siguiente, siente la necesidad de volver a posar sus ojos en aquellos escritos…

  2. Es totalmente cierto Alex =)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s