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La fe del escéptico

mayo 3, 2008

El escéptico afirma que no podemos inferir de nuestras observaciones ninguna razón en favor de lo no observado, ya que nuestra presunción acerca de la fiabilidad de la experiencia no se puede justificar porque todas nuestras posibles justificaciones asumirán precisamente aquello que se trata de demostrar, esto es, que la experiencia es fiable. Para el escéptico no es posible el conocimiento. Que estemos en lo cierto no significa que sepamos algo, pues nuestras creencias deberán estar suficientemente justificadas, cosa que para el escéptico es imposible. Por ejemplo, supongamos que según mi experiencia previa afirmo que hoy habrá un terremoto, pero tal cosa no sucede; y que, basándome en los mismos principios, al día siguiente hago idéntica predicción, “eppur si muove“. En opinión del escéptico no puedo afirmar que cuando se produjo el movimiento sísmico sabía lo que iba a ocurrir, pues los conocimientos que apliqué fueron los mismos que me llevaron al error en el día anterior. El escéptico afirma que el conocimiento no es posible porque para saber algo es preciso estar seguro, pero, en su opinión, no podemos estar seguros de nada. Uno podría reprocharle que su razonamiento no deja de ser paradójico, ya que si tiene razón entonces está equivocado. Es decir, si no es posible el conocimiento, no puede saber que no es posible el conocimiento. Pero el escéptico no observará amenaza alguna en crítica semejante, pues no tendría más que añadir que tal vez estés en lo cierto o tal vez no, pero que ambos somos incapaces de saberlo. Gilbert Ryle sugirió que cuando el escéptico afirma nuestra ignorancia está reconociendo que sí sabemos en algún momento, pues la misma idea de error carece de sentido si no existe la posibilidad de corrección. Sin embargo, parece evidente que la afirmación de la posibilidad de error no implica necesariamente que podamos saber algunas cosas. Es decir, que exista la verdad como alternativa al error no conlleva que lleguemos a alcanzarla. Una de las respuestas al escepticismo más interesantes es la que proporcionó el genio de Wittgenstein. Sugirió que el escéptico se equivoca cuando duda del mundo aparente, ya que no sólo es incapaz de saber sino que tampoco puede dudar. Por ejemplo, ante la pregunta ¿cómo se yo que lo que estoy viendo es realmente un árbol?, la duda carecería de sentido para Wittgenstein porque la afirmación que se pone en duda, “esto es un árbol” no significa que se conozca lo que se tiene delante, sino que lo que se tiene delante significa la palabra “árbol”. En mi opinión, el lenguaje constituye un entramado imperfecto que hacemos descansar sobre el mundo, en cuya existencia en último término no podemos sino confiar. Así mismo, confiamos que las apariencias sirven en nuestra indagación de la verdad. En otras palabras, se da la paradoja de que en la base de nuestro conocimiento se encuentra la misma incertidumbre. Luego, tales presupuestos metafísicos debieran motivar cierta humildad intelectual, pues nuestra aproximación a la verdad muy probablemente no pueda llegar a ser más que asintótica. Y así que el final del camino se halle en el principio. Descartes puso a Dios en la base del conocimiento, como garantía de la razón. Pienso que nada podría ejemplificar mejor la incertidumbre, pues nada con sentido puede decirse de Dios. Como ya supo Moisés de primera mano, Su nombre es desconocido.

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