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Hace un año…

mayo 6, 2008

Puse mi atención en un pueblo de perros, insistiendo sobre todo en las muchas veces en que exigimos de manera tan injusta, precisamente a quienes afirmamos amar. Que antes de decir cualquier cosa merece la pena evaluar el impacto que nuestras palabras tendrán sobre los demás, de ahí cierta crítica de la franqueza. Por ejemplo, con palabras mayores como es decir “te quiero”, pocas veces hay una manifestación gratuita de amor, sino que aun inconscientemente sirve de medio para conseguir algo. Es entonces un amor manoseado que nace de la propia miseria. Quiero decir, que la expresión muchas veces aflora con espontaneidad cuando nos sentimos inseguros ante un momento de dicha. Y entonces se trata de expulsar nuestro temor a perderla, a perder el objeto de nuestra felicidad, asiéndolo con graves palabras. Este amor que encadena no es amor al otro, sino puro egoísmo. Porque el amor sólo puede ser liberador, sólo quien aprende a renunciar a su pareja puede estar en disposición de amarla verdaderamente. De alguna manera, cada vez que decimos “te quiero” debería ir acompañado de su contrapartida antiposesiva, “te quiero libre”, por ejemplo, porque lo relevante no es lo que cada uno tenga, sino lo que se es. Y porque la quiero, quiero que ella sea. Pero lo común es observar en los amantes un decir “te quiero” cuando son conscientes de que la necesitan. Cuando perciben en su interior un vacío que sienten que sólo puede ser ocupado por la pareja correspondiente. La expresión de amor surge así del déficit personal y en lugar de compartir algo positivo se la hace partícipe de algo negativo, y responsable también. Sin embargo, la expresión de amor es positiva cuando es silenciosa, cuando son los hechos los que integran el mensaje. Primero es el amor y luego el descubrir que ella es parte de uno. Te quiero porque te necesito y te necesito porque te quiero son cosas distintas. En la medida en que ambos confíen en su amor, el uno en el otro, en que se mantengan fieles a él, las dos palabras no serán tan importantes. Las palabras no serán tan importantes. Decantarán como en una sopa de letras hasta adquirir la transparencia necesaria para convertir lo que parecía un amor ciego en un amor clarividente. Hace un año presentaba además las causas de un fracaso como otro reflejo de una actitud en el mundo centrada en el ser, en lugar de en el tener.

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