Skip to content

Los pueblos y el tiempo

mayo 14, 2008

ETA asesina de nuevo. Los liberadores del pueblo vasco, subyugado por el pueblo español, han actuado de la mejor manera que saben. De nuevo, los patriotas han acabado con la vida de un hombre en nombre de la entelequia superior, y de paso afirman la violencia como medio para alcanzar tan nobles ideales. Sin duda, debe tratarse de héroes en este mundo del revés que fabulosamente describió Galeano. Aunque el asesinato sirve en este caso a la causa nacionalista, es evidente que el nacionalismo no está necesariamente ligado a la violencia. Sin embargo, creo que el nacionalista se alimenta de la oposición exterior, constituye su reflejo, y si no existiera la inventaría. De no haber nacionalistas al otro lado, en el lado oscuro, el nacionalismo se diluiría en el tiempo como un azucarillo en el café. Se alimenta también del pasado, de la historia, de una tradición que llega a tergiversar en su idolatría. Así, quisiera aislar a los oponentes, nacionalistas vascos y españoles porque los unos alimentan a los otros y, entremedias, nos duele a todos los demás. Insisto, si lo pienso no observo otra cosa que el absurdo, así que no debe ser cosa de pensar. España, o para el que todavía sea víctima de pringosos prejuicios digamos el Estado español, alberga una rica diversidad cultural. La cultura es parte fundamental de los pueblos y contribuye a definir una cierta identidad, pues hay una cultura gallega, que forma parte de una cultura occidental, que es expresión de la cultura humana. Los pueblos tienen derecho a escoger su destino, tienen derecho a la autodeterminación. Toda persona de bien admitiría esto. Pero la cultura no tiene fronteras, es un valor de las personas. No importa donde se haya nacido, la cultura es algo que se adquiere. El mestizaje es parte de la geografía cultural actual, al igual que el imperialismo, es cierto. Hace semanas, discutía con un amigo sobre esto y me recordaba la historia de violencia que suele estar detrás de la génesis nacional, pero tenía la impresión de que no comprendía que precisamente por todo eso la ideología nacionalista resulta conservadora. La identidad no se halla en el pasado, en la tradición, como piensa el nacionalista. En el pasado está la mezcla y la influencia, luego ahí no puede haber otra identidad que no sea ficticia, dogmática. La verdadera identidad de un pueblo está en su futuro. En los compromisos que adoptemos como colectivo, en la sociedad que decidamos construir, pues el futuro es construcción, como dijo Paul Valéry. Una alternativa integradora es la mejor salvaguarda de la diversidad y no el nacionalismo que en su endogamia cultural sólo puede ser homogenizador. Podemos mirar al pasado o mirar al futuro optando por vivir en el Estado que la historia arrimó a esta vera, pero construirlo libremente, en paz, descentralizado (o centralizado en el individuo, en lo que es común a todas las culturas), así respetuoso con la diversidad cultural, y abierto al mundo.

Anuncios

From → 06. Seísmos

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s