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Sed de salado

mayo 20, 2008

Hace tiempo que las lágrimas en cantidad perdieron el interés por ver el mundo desde estas mejillas, que un día caerán flojas sobre el hueso con maneras postcoitales. Me miro al espejo y me imagino viejo, mas confieso. Que hace semanas me encontré sobre ellas una lágrima brevísima al final de un breve encuentro. No me pregunten por qué, en el estrambótico caso de que hubiera interés al respecto, simplemente ocurrió. Supongo que los dos cobardes me asaltaron a traición, sin tiempo de blandir una palabra soez, como acostumbro en tales casos. Incapaz de hallar improperios que acudieran en mi defensa, en estos días los ojos puñeteros se mojaron otra vez, y hasta una tercera. Debe ser la primavera. Ensombrecidos por catástrofes terribles se revolvieron en la húmeda higiene que tanto conviene a la esclerótica. Parecían un par de críos chapoteando en una de esas ridículas piscinas de verano. Pero quisieron hacerlo con la vida sobre la muerte, causando la reflexión en el espejo. Pienso que no estaba preparado para asistir al rescate de una mujer embarazada bajo las paredes desplomadas. Así, ¡de sopetón!, fue algo insoportable. Pienso que estaba preparado para verla muerta, lo cual es horrible, pero es la verdad. ¿Qué clase de espíritu me anima? A diario veo los muertos de Próximo Oriente y aún los de más acá, y por ellos no alcanzo a llorar. Esta mañana todavía reía el lloriqueo cuando tropezaba de nuevo. Una mujer de cuerpo capaz y policial, amamantaba a dos bebés desenterrados. Tomaban la vida de sus senos con ansia fuertemente abrazados. Y entonces los niños reventaron la piscina a este lado del LCD, ¡vaya mierda! Dulzura lisérgica inundando cuencas desérticas, ¡había que verlo! Dice la montaña que todas las pasiones que se dejan probar y digerir son sólo mediocres, y me muestro de acuerdo con ella no sólo en mi desprecio por la cursi sensiblería y el más estúpido sentimentalismo. Luego, ¿cómo explicar semejante incontinencia? Tal vez todo se arregle con una de esas compresas para las pérdidas leves, pero lo dudo. Acaso, ¿mereció la pena? En verdad te digo, viejo imaginado, que me hubiera deshidratado, secado, liofilizado, exprimido hasta la extenuación, por retener de la esperanza en el ser humano la más ínfima fracción.

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5 comentarios
  1. Genial. Has logrado emocionarme, lo cual no es estúpido sentimentalismo ni cursi sensiblería, ¡maldita educación que nos roba la expresión de las emociones!

  2. luciernagas permalink

    Es interesante eso que dices, aunque me pregunto si la educación no hace también lo contrario, es decir, nos dice qué, cuándo y cómo debemos sentir. Pero expresarnos sinceramente no sólo es una manera más libre de estar en el mundo, sino la única manera de ser, en mi opinión.

  3. Demoledor. Curiosa ironía que menciones a un humanista entre estas palabras de feroz crítica a la falta de humanidad.

    La tecnología ha puesto a nuestro alcance (y de forma descompensada) un mundo demasiado grande para que podamos siquiera poder abarcarlo sin consecuencias.

  4. luciernagas permalink

    Detrás de la crítica hay un grito de esperanza. Gracias por compartir tu opinión.

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  1. Zentolos » Blog Archive » El imperio de los sentidos

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