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Elogio del ocio

mayo 30, 2008

Recientemente, cambiamos nuestro horario de trabajo. Ahora realizamos lo que se suele llamar una jornada intensiva. Casi no interrumpimos nuestra actividad para comer. El objetivo es salir pronto de entre estas cuatro paredes, entre las cinco y las seis de la tarde, para poder así dedicar el resto del día a lo que se quiera. Ayer, durante la comida, me decía un compañero que con el cambio todavía trabajaba más horas, lo cual es cierto, pues me consta que sigue quedándose hasta muy avanzada la tarde. ¿Y que vas a hacer, aburrirte en casa?, me decía. Entonces recordé las palabras de Oscar Wilde “el trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer”. Tal vez tenga razón y nos falte creatividad incluso para ser felices. El trabajo podría servir de paradójico refugio para evitar la tarea más importante, que es personal. Al fin y al cabo, decía Flaubert, el trabajo constituye el mejor medio para pasar la vida sin ser visto, incluso por uno mismo, añadiría yo. Y es que, en cierto modo, el trabajo nos diluye en la masa y se nos recompensa por ello. No creáis que se nos paga por nuestro trabajo, se nos paga por nuestra sumisión, decía Baroja. Desde este punto de vista uno comprende mejor a quienes como Faulkner pensaban que es una vergüenza que en el mundo se trabaje tanto. Ciertamente, uno podría alegar que el trabajo forma parte de la realización de la persona, y estoy de acuerdo, pero, como ocurre con casi todo lo difícil, se trata de una cuestión de equilibrio. Mi crítica apunta a una determinada manera de entender el trabajo donde todo lo que que importa es el dinero que puedas ganar a cambio de él. Con las orejeras puestas, sin pensar en otra cosa, dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo a ser unos burros. Así por ejemplo, Lawrence J. Peter, autor del famoso principio de Peter, se extrañaba de que dediquemos la mayor parte de nuestra vida a hacer cosas que no nos gustan con el fin de ganar dinero para comprar cosas que no necesitamos e impresionar a personas que no nos caen bien. Muchas veces, personas que no conocemos en absoluto, pero nos presentamos ante ellas a través de los objetos y, pretendiendo rodearnos de objetos bellos, cuando no simplemente caros, para que nos definan como personas no hacemos más que acrecentar nuestra fealdad. En cierta ocasión, mi jefe me hablaba de la dignidad del trabajo, de la cultura del trabajo, tan presente en los países anglosajones. ¿Y si Melville tenía razón? ¿Y si la dignidad está en el ocio? Cada día que pasa estoy más de acuerdo con Frederik Pohl cuando afirmaba que lo que distingue a un hombre no es tanto su manera de ganarse la vida como su manera de perder el tiempo. Bueno, ya va siendo hora de ponerme a trabajar…

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From → 06. Seísmos

7 comentarios
  1. Comparto el aforismo de Oscar Wilde sin embargo, creo que lo que define a cualquier trabajo no es la actividad en sí, si no sus circunstancias. Seguramente mucha gente que reniega de su trabajo, seguiría haciéndolo (leer, programar, investigar…) en cierta medida si se encontrara tranquilamente en su casa y fuera dueño de todo su tiempo. Lo que convierte esas actividades en trabajo es el hecho de que son obligatorias, innegociables y muy probablemente urgentes.

  2. Por cierto, curioso que menciones a Frederik Pohl, precisamente en estos momentos estoy leyendo Mercaderes del espacio.

  3. luciernagas permalink

    Lo que me recuerda el consejo de un padre: búscate un trabajo que te guste para no tener que trabajar.

  4. Vivimos en un sistema que por desgracia es el que hay. El sistema capitalista aporta cierta estabilidad a cambio de que renuncies a parte de tu libertad. Supongo que en lugares donde la gente se muere de hambre, preferirían perder parte de su libertad a cambio de comida. Sin embargo, nosotros una vez cubiertas las necesidades básicas, podemos plantearnos cuestiones más allá. Una de esas cuestiones el el tiempo de ocio, ¿cuánto queremos y qué hacer con él? Particularmente, trabajo por poder disfrutar del tiempo restante. El trabajo es trabajo, no ocio. Estoy convencido que algunas de las cosas a las que dedico el tiempo libre, dejarían de tener su encanto si se convirtiesen en mi modo de ganarme la vida. Ahí estoy de acuerdo con la última frase del primer comentario de Josemi: la obligatoriedad restaría cualquier encanto.

  5. La mayoría de nosostros tenemos una tendencia enfermiza a delegar la responsabilidad de lo que nos ocurre en nuestra vida, tendencia que sin darnos cuenta, nos condena a perpetuarmos en la situación de la que nos quejamos, pues si no reconocemos nuestra absoluta responsabilidad en el mundo que creamos a cada instante, jamás empezamos a suavizarlo.
    El trabajo…uno debe trabajar, y el trabajo ha de suponer cierto esfuerzo. Si vives sin esforzarte, alguna otra persona habrá de llevar tu carga sobre sus espaldas, ¿tu conciencia te permite vivir con esto? Sólo se trata de valorar el esfuerzo, de ser capaces de reconocer el bien que nos hace.
    Particularmente procuro (no siempre lo logro) aplicar la vieja receta: afronta tu trabajo como si fuera tu ocio, afronta tu ocio como si fuera tu trabajo. Funciona.

  6. luciernagas permalink

    Si interpreto bien la última parte de tu comentario, creo que estamos de acuerdo en un asunto que he querido destacar. Quiero decir que el trabajo debe ser entendido como una dimensión más de la persona. No debiera percibirse como una carga, como un tiempo al margen de la vida que queremos, sino como una oportunidad. Por supuesto, me refiero a un trabajo que pueda contribuir a nuestra realización personal. Por ejemplo, intentar hacer el mejor pan posible no sólo me convertiría en un buen panadero, sino también, en cierto modo, en una persona un poco mejor. Al menos, así lo veo yo. Supongo que decir esto y afirmar la dignidad en el ocio parece contradictorio, sin embargo, opino que tanto el ocio como el trabajo esencialmente comparten un mismo fin.

  7. #Iamato
    Cuando hablo del sistema capitalista lo hago desde la responsabilidad que nos toca. No como algo ajeno que otros nos han impuesto. El sistema capitalista lo formamos todos, así que desde ese punto de vista no intento delegar en otros la propia responsabilidad.
    Tampoco estoy en contra del trabajo, en el sentido de esfuerzo. Por ejemplo, tener una huerta supone un esfuerzo y es algo que no evito. No suelo evitar el esfuerzo. Sin embargo el trabajo, lo que hago unas horas al día y me pagan por ellas es otra cosa diferente. En mi caso concreto no puedo quejarme, por que mi trabajo me gusta. Pero eso no quita de ciertas pegas como la obligación diaria de cumplir un horario más o menos estricto, tener un jefe más o menos comprensivo etc etc.
    #Romo
    Estoy de acuerdo contigo, pero esa receta no la aplico sólo al trabajo, si no a cada cosa que hago (y que por supuesto sólo soy capaz de llevar a cabo algunas veces).

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