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Diálogo bajo el agua

junio 2, 2008

Si el cielo fuese el mar este sería un diálogo sobre el fondo del océano. Hugo: tú crees en Dios y yo sólo en su anhelo. Tú crees en el Libro y yo en las erratas. Beth: creo que está inspirado por Dios. Pienso que ha de interpretarse de forma alegórica, ya que su verdad es inagotable. En cuanto a lo que te preocupa, Hugo, no dudo de que proporciona una respuesta esencialmente verdadera, aunque es evidente que no se trata de una explicación. Hugo: entonces, ¿crees que el universo surgió de la nada? Beth: sí. Y los hombres de ciencia como tú han observado algo similar a través la razón, ¿no es cierto? Hugo: nadie sabe qué ocurrió antes del Big Bang, pudo haberse producido en un universo eterno. Beth: yo creo que eso que llamas universo eterno es Dios y que si estamos aquí interrogándonos es porque El quiso. Hugo: ¿insinúas que somos el capricho de Dios? Beth: creo que somos expresión de su voluntad. Hugo: ¿Por qué? Beth: tal vez porque quiso conocerse a sí mismo. Hugo: ¿y qué tenemos nosotros que ver con eso? acaso, ¿vamos a decirle quién es Dios? Beth: verás, Hugo, nada que sea todo lo mismo puede conocerse a sí mismo. La única manera de que lo mismo descubra algo de sí mismo es introduciendo una diferencia, una oposición, es limitarse. Es por eso que la oposición de contrarios está en la raíz de todo, de otra forma todo y nada serían lo mismo. Hugo: ¿quieres decir que Dios quiso saber hasta dónde podía llegar? Beth: sí, en cierto modo. Hugo: y siendo infinito, ¿por qué habría de querer nada? Beth: yo imagino que simplemente se movió. Tal vez no quiso evitar la diferencia, al igual que tú al despertar por la mañana. Hugo: y su despertar fue precisamente en nuestro universo, ¿así explicas el principio antrópico? Beth: tu explicación del multiverso, de una infinidad de universos paralelos, también es atractiva para mí. Si Dios quiso realizar un potencial infinito entonces es posible que haya infinitos mundos, el nuestro entre ellos. Hugo: es precisamente esa clase de atractivo la que me huele a chamusquina, Beth. No puedo evitarlo, si algo me hace desconfiar de la existencia de Dios es que sea tan deseable. Y cuanto menos deseable me parece, más alejado del hombre, más frío en la distancia, menos parecido a un pastor y más similar a un campo electromagnético, más probable me parece. Beth: y sin embargo, lo primero fue la luz.

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