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Leer el pensamiento

junio 5, 2008

Es posible que un día no muy lejano exista una máquina capaz de leer el pensamiento. Personalmente, puedo conseguir una aproximación bastante buena en momentos puntuales y con personas muy concretas a las que creo conocer bien, si bien opino que nadie conoce a nadie profundamente. De hecho, la mayoría de las veces somos un misterio para nosotros mismos, por ejemplo, siendo incapaces de predecir nuestra conducta en situaciones extremas de las cuales no tenemos experiencia previa. Se de esta incertidumbre por propia experiencia, os lo aseguro. Esa conclusión clarividente a la que me refiero, a veces la infiero casi intuitivamente a partir de gestos concretos o del semblante general del rostro. A todos nos pasa. El grado de consciencia que podamos tener sobre el procesamiento racional que llevamos a cabo, el grado de explícita comprensión de nuestro análisis de signos de comunicación no verbal, es variable y marca la diferencia entre el análisis más controlado y la intuición aparentemente más irracional, casi mágica. Pero la máquina del pensamiento querrá ver el mismo pensamiento y lo vería, si el pensamiento pudiera ser reducido a un determinado estado físico del cerebro. Sospecho, sin embargo, que esto es una simplificación que raya en lo absurdo. No obstante, se está desarrollando una pequeña rama de las neurociencias conocida como “lectura cerebral” encaminada a averiguar lo que piensa un individuo únicamente a partir de los registros de actividad cerebral, y los avances son espectaculares. Utilizando técnicas de resonancia magnética funcional, hoy prácticamente es posible distinguir algunos pensamientos. Por ejemplo, tal y como afirma Francisco Mora, puede saberse si una persona está pensando en otras personas o si está pensando en edificios. Asimismo, es posible saber, con una aproximación altamente significativa, si esas personas o edificios le gustan o disgustan. Esto se debe a que hay algunas áreas del cerebro que funcionan de forma muy selectiva. Así, el área fusiforme del sistema visual y una pequeña parte del giro parahipocampal responden casi exclusivamente a la visión de caras y edificios, respectivamente. Asumiendo que la construcción de la máquina fuera posible, ¿estamos preparados para afrontar los problemas éticos que plantearía su uso? En mi opinión, ni siquiera somos capaces de plantearlos completamente. El desarrollo científico está sujeto a ciertos peligros potenciales como es el que sea monopolizado por intereses particulares, que no se ponga al servicio de la humanidad, sino que sirva para dominarla. Pero uno de los que percibo más amenazantes es la enorme diferencia que observo entre la velocidad del progreso científico y un supuesto avance moral.

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