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Sutileza

junio 11, 2008

Una de las razones que explican la fama de Konrad Lorenz, pionero de la etología, fue su descubrimiento de los comportamientos innatos, aun siendo relativamente complejos. Recuerdo haber leído sobre un experimento suyo realizado con polluelos de una anátida particular. Hacía volar una cometa sobre la nidada, recién llegada a la vida. Era una cartulina con la silueta recortada de la madre, quizás un bello ganso de cuello longilíneo. Pero cuando la misma cartulina se movía en sentido contrario, es decir, volaba con la cola, ancha y roma, de frente, todos los pollos se encogían al unísono, temerosos. Cuando la cartulina con la silueta de ganso se movía al revés, emergía la sombra amenazadora de una falconiforme, pues lo que pretendía ser un elegante cuello de cisne algo afrancesado semejaba ahora la afilada y larga cola del halcón. ¿Cómo lograban discernir la aparente amenaza sin haber visto jamás a un peregrino? ¡Que me aspen si miento!, pero en mi barrio de Santiago no hallaría la diferencia más de un pollino. De alguna forma, razonaba Lorenz, las aves debían de nacer con ese conocimiento. Los experimentos de Lorenz a menudo consistían en sacar al animal de su ambiente natural, para luego observarlo con atención. Entonces, aislado de las claves ambientales que dispararían determinadas conductas, quedarían revelados los comportamientos innatos. Daniel Lehrmann, a quien sólo resulta familiar a un puñado de etólogos, criticó con agudeza este tipo de experimentos denunciando que la influencia ambiental puede ser más sutil de lo que se sospecha en muchos casos. Por ejemplo, cuando las ratas aisladas van a tener una camada en esas jaulas con virutas de madera y pequeños trozos de pienso, utilizan todo ese material para construir pequeños nidos, algo que hacen incluso las primerizas. Dado que este comportamiento no pudo ser aprendido a partir de experiencias previas ni observando a otras ratas, Lorenz interpretaría que debía de ser innato. Sin embargo, Lehrmann demostró que, incluso en condiciones tan artificiales, el desarrollo de determinados comportamientos requería interacciones específicas con el entorno. De hecho, el que las ratas hubieran tenido experiencia alejando sus excrementos y formando cúmulos de comida, resultaba algo fundamental a la hora de explicar el comportamiento estudiado. Lehrmann evitó tales posibilidades en cuanto proporcionó la comida en polvo y modificó las jaulas impidiendo la acumulación de heces. En estas nuevas condiciones, las ratas eran incapaces de formar los nidos, fuente de apestados, de serrín con olor (y color) a meados, de cagarrutas de roedor, de sangre los ojillos, ratas preñadas, también de dolor, infectos los colmillos. Final, y mordisco al bocadillo.

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