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Tacto subliminal

junio 13, 2008

Debo reconocer que no soy demasiado receptivo al contacto físico cuando procede de alguien a quien apenas conozco. Casi siempre me incomoda, aunque recibo mejor el tacto de una mujer que el de un hombre. Una amiga me recordaba que a ella le ocurre lo contrario, por lo que la explicación pudiera tener alguna connotación sexual. Sin embargo, conozco a otras mujeres que afirman sentir una mayor aversión al contacto no intencionado cuando el extraño es un hombre. Varios estudios demuestran que las mujeres tienden a tocar con más frecuencia el pelo y el rostro de otras mujeres que los hombres entre sí. También suelen tocar menos frecuentemente a los hombres. Por el contrario, la probabilidad de que un hombre contacte físicamente con un extraño es mayor si se trata de una mujer. Durante unos meses viví en Argentina y en Uruguay, y recuerdo que me llamaba la atención la asiduidad con la que los amigos se abrazaban e incluso se besaban públicamente en las mejillas. También he vivido en los Estados Unidos, donde acercarse mucho a tu interlocutor, ya sea hombre o mujer, es considerado una falta de respeto. Ciertos experimentos demuestran que, en general, el tacto delicado entre extraños contribuye a crear un sentimiento de aceptación. A una bibliotecaria de la Universidad de Purdue, cuyo trabajo básicamente consiste en recibir y entregar libros, se le pidió que durante la mitad de su jornada laboral tocase a la gente de la manera más imperceptible posible, un simple roce en la mano de los estudiantes. Al salir cubrirían un breve cuestionario sobre si la biblioteca le resultaba satisfactoria. También se les preguntaba si la empleada había sonreído o si les había tocado. Curiosamente, aquellos individuos que recibieron un contacto que no habían notado mostraron una mayor satisfacción. Otros, que también negaron el contacto, afirmaron que la bibliotecaria había sonreído cuando en realidad habían sido tocados por una mujer con el semblante serio. En otro experimento realizado en Oxford, Mississippi, las camareras de dos restaurantes tocaban discretamente a los clientes en la mano o en el hombro. Se demostró que los clientes tocados dejaban por término medio mayores propinas. En un tercer experimento, esta vez realizado en Boston, una investigadora deja dinero en una cabina telefónica para regresar cuando está ocupada por el siguiente usuario, que ya se había guardado el dinero en el bolsillo. La investigadora le pregunta cortésmente si halló su dinero. Pues bien, si en ese momento toca al extraño, aunque el contacto resulte tan ligero que después este no lo recuerde, la probabilidad de que le sea devuelto el dinero asciende del 63 al 96%. En su estilo agradablemente sensual, Diane Ackerman se refiere al tacto subliminal diciendo que, aunque no lo notemos, nos entibia el alma.

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One Comment
  1. Algunas cosas no es necesario estudiarlas, con vivirlas es suficiente.
    En numerosas ocasiones experimentas como ese roce con otra persona (sea hombre o mujer, eso da igual, al menos para esto) aunque leve, te provoca cierta sensación de bienestar, de complicidad. Sin embargo en otras ocasiones, el eventual comedor de oreja o el efusivo hombre que acabas de conocer invade tu esfera de bienestar y notas cierto desasosiego.
    Independientemente de fobias personales al contacto físico, mi idea es que el mérito está en el tocador y no en el tocado. El tocador que en un suave roce transmite la confianza necesaria para poder seguir hablando sin haberte sentido turbado.

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