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Urgencia por enamoramiento

junio 16, 2008

Creo que fue Ortega quien se refirió al enamoramiento como un estado de estupidez transitoria. Ciertamente, la merma severa en las aptitudes cognitivas del paciente que causa el enamoramiento es algo que, como la juventud, se cura con el tiempo. Aunque es evidente que los síntomas varían con el individuo, existen ciertos signos inequívocos. La etiología siempre es fantástica. Como decía Chamfort, el amor es el intercambio de dos fantasías y el contacto de dos epidermis. Si el último tiene a los niños como principal efecto secundario, el primero explica esa ilusión que te empuja a seguir un régimen de adelgazamiento o a descubrir una olvidada afición a las flexiones. Esta ilusión baja en calorías es lo que se llama una miopía integral. Ciertos síntomas son comunes a ambos fenómenos. Así, tanto el enamoramiento como los niños causan quebraderos de cabeza, pérdida de baba, y una insistente tendencia a ponerse en ridículo. Un afecto desengañado tras un instante de baba, era el amor para Cioran, el deprimente; y ponerse en ridículo el primer deber del enamorado según Chesterton. Sin embargo, son propias del enamoramiento las taquicardias y las mariposas en el estómago. Cuando se afirma que el amor es ciego se está haciendo hincapié en las lesiones de retina. El daño puede llegar a ser devastador. John Barrymore se refería al amor como aquel delicioso intervalo que pasa entre que se conoce a una chica bonita y se da uno cuenta de que parece un bacalao. Luego el daño es reversible, y hasta los amantes más bajitos acaban por aficionarse a la pesca de altura. Algunos individuos manifiestan, sin embargo, una hipertrofia de conos y bastones, y pueden llegar a ver en su novia lo imposible. Esto es algo que también se pasa con el tiempo. Tales enfermos capaces de ver en la oscuridad acaban por hablar del amor como Clarasó, que lo entendía como un deporte, el único que no se suspende por falta de luz. Precisamente, una combinación de ilusiones y molestias gástricas explican la analogía del investigador Tristan Bernard, que pronto se percató de que los amores son como las setas, que no sabe uno si son venenosas hasta que ya se han comido y es demasiado tarde. Sin embargo, para Gabriel García Márquez, doctor donde los haya, el amor, más que nada, es un disturbio del sistema digestivo. Supongo que tantas mariposas hacen pupa y uno termina por cagar gusanos. Las primeras fases de este cuadro intestinal, que no es una obra de Manzoni, pueden generar confusión. Así, Groucho Marx opinaba que lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis, y cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado. Es entonces cuando realmente descubren el pescado, y no durante aquel primer encuentro sexual, pues aquello más que pescado era pecado. Aunque las taquicardias se encuentran entre los síntomas más alarmantes, es un alivio saber que el corazón es un músculo muy, pero que muy elástico (Woody Allen). Cabeza, ojos, vientre, corazón…, en los casos más graves fallo multiorgásmico. Tan malo es el enamoramiento que nos morimos por sentirlo.

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