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El sexo de la genética

junio 25, 2008

Se disponen a leer una sandez. No algo serio como la genética del sexo, sobre lo cual han escrito algunos de los mejores divulgadores de la Biología, incluyendo a Lynn Margulis y Jared Diamond, entre otros, sino sobre el sexo de la genética, algo que sólo se tomarían en serio las feministas más recalcitrantes. Y sin embargo lo traigo a colación, ¿quizás porque el asunto libera una fracción del indiscreto tufo de la verdad? La tesis en cuestión es que la evolución de la genética desde sus orígenes a principios del siglo XX, se ha visto influenciada por una concepción que menosprecia lo femenino en general. Digamos que la genética, como el resto de las ciencias, añora una pizca de yin. La genética nació con el siglo pasado, con el redescubrimiento de los principios fundamentales de la herencia, que habían sido olvidados en la soledad de una abadía centroeuropea durante más de treinta años. En la década de los años veinte destacaban los trabajos de Morgan y sus colaboradores. Es entonces cuando el gen es encumbrado como el fundamento de la vida. En el desarrollo de un ser vivo cualquiera, la clave son los genes. Sin embargo, la hipótesis de “un gen, una enzima” no se propuso hasta 1940 (Beadle y Tatum) y la base estructural del gen no se definiría hasta 1953 (Watson y Crick). La estructura del ADN sugirió de inmediato un mecanismo de replicación molecular, así como una manera de contener la información necesaria para construir un individuo. El programa, el plan de instrucciones, estaba en el núcleo celular, y su secuenciación supondría la explicación fundamental del desarrollo embrionario. Todavía hoy, el papel del ADN, prácticamente la única contribución al cigoto del afortunado espermatozoide, está sobrevalorado. En palabras de Richard Lewontin:

El ADN es una molécula muerta y está entre las menos reactivas y más químicamente inertes del mundo […] El ADN no sólo es incapaz de hacer copias de sí mismo, sino que es incapaz de hacer cualquier otra cosa. La secuencia lineal de nucleótidos en el ADN es utilizada por la maquinaria de la célula para determinar qué secuencia de aminoácidos debe incorporarse a una proteína y cuándo y dónde se ha de hacer la proteína. Pero las proteínas de una célula son hechas por otras proteínas y sin esas proteínas no se puede hacer nada. Aquí parece haber una regresión infinita, pero este es otro error de la biología vulgar, como es creer que sólo los genes pasan de padre a hijo. […] Nosotros heredamos no sólo los genes hechos de ADN, sino también una intrincada estructura de maquinaria celular formada por proteínas.”

Heredamos el citoplasma del óvulo, además de los genes. La clave no es pues el gen, sino la interrelación, pero esto es mucho más difícil de estudiar porque desafía al análisis reduccionista.

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