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La persona desnuda

junio 26, 2008

Quiso la casualidad que el otro día escuchase una reflexión de la modelo Martina Klein. ¿Qué dice de la persona la ropa que viste un individuo?, venía a ser la pregunta que le hacía el entrevistador. Y si no interpreto mal su respuesta, la simpática modelo insistía en que la vestimenta es otro aspecto en el que se refleja nuestra personalidad. Para ella, debería ser posible que todos pudiésemos vestir de acuerdo con nuestro estilo. No se trata de hacerlo necesariamente con determinadas marcas o de ir a la moda, sino de saber lo que a cada uno le gusta y vestir de acuerdo con nuestro carácter. Dejando al margen la cuestión del consumismo, que en este caso no me parece la menos importante, afirmo que la ropa no me define en absoluto. De hecho, no lo hace ninguna cosa. Generalmente, a través de la ropa se pretende transmitir un mensaje sobre nosotros mismos, sobre nuestro estatus social, gustos o ideas; se utiliza para señalar la pertenencia a un determinado grupo o simplemente manifestar una pose concreta en el mundo. En mi opinión, este mensaje suele reflejar la huída de uno mismo. No se quien soy, pero creo saber quien me gustaría ser, luego no tengo más que prestar oídos a la sociedad que me dirá incluso lo que debo sentir. Lejos de resultar original, la preocupación por el estilo (incluyendo la preocupación por el estilo despreocupado) acostumbra a revelarse como imitación. Por ejemplo, de la forma de vestir de nuestro grupo musical favorito, de personajes de televisión, de gentes a las que admiramos, o aquélla que asociamos con una ideología determinada. Admito que es esta una visión radicalmente pesimista del problema, pues habrá quien no se preocupa por otra cosa que por rodearse de cosas bonitas. Pero encuentro patético cómo tantas personas se sienten inseguras cuando se les despoja de tales objetos. Así, dicen no ser ellas mismas si no salen a la calle con los labios pintados o con una camiseta con la imagen del Che. No me refiero a que se vean ridículas o incómodas, sino al hecho de que su confianza en sí mismas se vea mermada por unos simples pantalones. Por supuesto, tales personas tienden a juzgar a otras por su apariencia. Aunque les parezca “políticamente incorrecto” y no lo hagan público, emiten tal juicio en su foro interno. Pero el que juzga al otro por su vestimenta está en realidad diagnosticando su propia miseria, pues lo que somos verdaderamente está desnudo. Paradójicamente, ir descubriendo la persona es sólo posible desde la desnudez. En este sentido, aquellos que hacían un slogan comercial de la frase “no es lo que tengo, es lo que soy” pervierten una verdad esencial. Sin embargo, en estos tiempos ya no sorprende que la televisión haga de la verdad mentira y de la mentira verdad, que presente como admirable lo frívolo, y que a base de repetición inmunice nuestra sensibilidad frente a la injusticia.

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From → 06. Seísmos

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