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Respuesta creativa

junio 30, 2008

Durante este curso académico que ya termina tuve que leer muchos exámenes. La lectura atenta de lo que escribieron los alumnos me causaba sensaciones diversas, incluyendo un extraño pesimismo. Algunos de ellos parecían mostrar graves limitaciones de expresión. Me refiero a estudiantes universitarios. Las dificultades eran particularmente evidentes cuando la pregunta no se refería explícitamente a un epígrafe del temario. Por ejemplo, cuando se trataba de una pregunta que exigía la reflexión, la síntesis de conocimientos, e incluso diese margen a su creatividad en la respuesta. Porque pocas veces los problemas tienen una única solución. Las principales limitaciones surgían precisamente con la libertad, que conlleva a la vez riesgo y responsabilidad. Alexander Calandra cuenta una anécdota sobre un estudiante de Física, que después aparecería publicada en varios libros, incluyendo uno muy conocido de Murray Gell-Mann. Yo la encontré en una obra posterior de David Perkins. El estudiante se encontró el siguiente problema en un examen: explique cómo puede emplear el barómetro para medir la talla de un rascacielos. La respuesta que el profesor esperaba consistía en calcular la altura a partir de la diferencia entre las presiones atmosféricas medidas en la calle y en la cima del edificio. Sin embargo, la respuesta que obtuvo fue la siguiente: “lleve el barómetro a lo alto del edificio, átelo a una larga cuerda, bájelo hasta el nivel de la calle y súbalo luego, midiendo la longitud de la cuerda. Ésta es la altura del edificio”. En lugar de rechazar la respuesta se dio una nueva oportunidad al alumno para asegurarse de que su respuesta revelaba algún conocimiento de la física. El alumno volvió a resolver el problema, esta vez proporcionando varias respuestas: (1) lleve el barómetro a lo alto del edificio. Arrójelo desde allí y mida el tiempo con un cronómetro. Después calcule la altura teniendo en cuenta que la distancia recorrida equivale a la mitad de la aceleración de la gravedad por el cuadrado del tiempo empleado; (2) en un día soleado, mida al aire libre la altura del barómetro, la longitud de su sombra, la longitud de la sombra del edificio y mediante el uso de una proporción simple determine la altura del rascacielos; (3) ate el barómetro al extremo de una cuerda, muévalo como si se tratara de un péndulo y determine con precisión el valor de la aceleración de la gravedad en el nivel de la calle y en lo alto del edificio. Calcule la altura a partir de esta diferencia; (4) Lleve el barómetro al sótano y llame a la puerta del portero. Cuando abra diga lo siguiente: “Querido portero, aquí tengo un excelente barómetro. Se lo entregaré si me dice cuál es la altura del edificio”. El estudiante sacó una buena calificación superando la presión en más de un sentido.

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