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Hace un año…

julio 2, 2008

Relataba un antiguo culebrón de planetas homenajeando el mito como visión del mundo que tiene el hombre de su tiempo y lugar. Esa cosmovisión se me antoja reveladora de verdad, de las inquietudes que aquejan al espíritu humano. Pero no puede dejar de ser una burda aproximación a una verdad quizás inalcanzable en su plenitud. Desde luego, semejante escepticismo es incompatible con los temores de algunos que, como John Horgan, declaraban el fin de la ciencia. En nuestro camino hacia el conocimiento todavía hemos de equivocarnos mucho más. Un equívoco que entonces recordaba es la identificación de la selección natural con la evolución. Paradójicamente, las raíces de este error se encuentran en la concepción de aquellos que mejor conocen el proceso evolutivo. A través de un seleccionismo ingenuo cruzaron la confusa frontera entre su propia cosmovisión, sus prejuicios respecto al mundo, y los hechos experimentalmente confirmados. Así como reconozco un valor positivo del prejuicio, particularmente en el descubrimiento científico, resulta evidente cómo a menudo constituye un lastre. Hace un año asistí a una conferencia con Chao y Ramonet en la que observaba cómo una lucha admirable por aspiraciones legítimas parecía descansar en prejuicios que anteponían las ideas en detrimento del individuo. Considero a la nación un mal de los últimos tiempos y me repugna toda forma de patriotismo, del color que sea, descuidando al individuo. Cada hombre constituye para mí un microcosmos, una visión única del mundo, un universo único en cierto modo realizado mediante “la propia visión”. Cosas, ideales, dogmas o sueños no valen lo que el niño más ignorado. Aquel prisionero que sobrevivió a una devastadora erupción volcánica albergaba en su interior el universo en el que podría llegar a ser libre. El multiverso que supone la humanidad poco tiene que ver con el que imaginan los físicos, igualmente fascinante, o quizás el multiverso físico no sea más que la expresión de un universo humano prácticamente infinito, mas contenido en esa ínfima diferencia que nos separa del chimpancé.

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