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La esperanza de Van Gogh

julio 11, 2008

Una forma de pensamiento desiderativo es extremadamente tentadora, esto es considerar una cosa como verdadera simplemente porque sería bueno que fuese verdadera. Una variante más del razonamiento encaminado a buscar excusas para negar la evidencia. En este error incurren muchos de los que se creen artistas, a pesar de las náuseas generalizadas que despierta su obra. Tan genial fue la obra de Van Gogh que nadie le comprendía y terminó sus días en la miseria. Análogamente, si yo no vendo un cuadro es porque mi obra se eleva por encima de la mediocridad, pues sólo será comprendida por una exquisita sensibilidad poco común o por una época más madura. Si este blog tiene tan pocas visitas no será por su falta de atractivo, sino porque es extraordinario. Así razona quien es presa del autoengaño, quien se desploma en lo que Nigel Warburton ha llamado la falacia de Van Gogh. El razonamiento no es fiable, desde luego, pues confunde los deseos con la verdad. Sin embargo, existe un componente aleatorio más importante de lo que sospechamos, que contribuye explicar la ocasional confirmación de nuestras intuiciones. Así, no faltan ejemplos del éxito finalmente alcanzado con la perseverancia, con la confianza casi irracional en la propia empresa, a pesar del rechazo de los que supuestamente más saben del asunto. Reconocimiento tardío que, insisto, no significa necesariamente que estemos ante obras maestras. En un trabajo reciente, el físico Leonard Mlodinow destacaba algunos de ellos. “El diario de Ana Frank”, en un principio rechazado repetidamente por los editores y duramente criticado, se convirtió en uno de los libros más vendidos de la historia, superando los 30 millones de ejemplares. El primer manuscrito de Harry Potter fue rechazado por nueve editores. Nada menos que 26 rechazaron “Tiempo de matar”, el primer best-seller de John Grisham. Otro de sus manuscritos, “La tapadera”, no fue aceptado hasta que, gracias a una copia pirata que circulaba por Hollywood, se ofrecieron 600.000 dólares por los derechos de la película. Después de ver cómo la obra de su vida era rechazada una y otra vez, John Kennedy Toole perdió la esperanza y se suicidó. Su madre persistió en su empeño y logró la publicación de aquel libro titulado “La conjura de los necios”. Una novela que ganaría el premio Pulitzer y de la que se venderían más de un millón y medio de ejemplares. “El proyecto de la bruja de Blair” costó 60.000 dólares y recaudó 140 millones, tres veces más que “El exorcista”. Nadie confiaba en “Las aventuras de Luke Starkiller”, un proyecto inmediatamente rechazado por la Universal. La Fox accedió a producir la película pagando a George Lucas 100.000 dólares por escribirla y dirigirla. Casi riéndose de él le concedieron además los derechos de comercialización. Lo que finalmente se titularía “La guerra de las galaxias”, la primera película que vi en una sala de cine, costó 11 millones de dólares, pero dejaría en taquilla un total de 461. Lo que ocurrió con aquellos derechos de comercialización fue la génesis de todo un imperio. En resumen, es muy difícil prever si el vómito sobre tus pinturas no encandilará a las masas futuras.

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3 comentarios
  1. Interesante reflexión. No conocía la falacia de Van Gogh con ese nombre, pero es algo que se puede ver en casi cualquier museo de arte moderno y que sospechaba su existencia a pesar de desconcoer su nombre.
    Buena recopilación de anécdotas a las que podría añadir el inicio de The Beatles, Eva Cassidy…

  2. “He pedido que regresen las luciérnagas y que traigan consigo nuestra capacidad de asombro.”

    Me ha sorprendido encontrarme con este Blog, pero no porque sea algo extraño, sino de algo que no suele encontrarse hoy en día, sí, está escondido del resto y es muy poco comentado, pero la elengancia y el buen gusto están presentes en cada entrada.

    Un estilo preciso, directo y lo que más me gusta, no recurres a las ya temidas palabras pseudointelectuales que tanto odio 😉

    Aunque yo soy más de la labor de escribir mucho con pocas palabras 🙂

    Un abrazo, espero que al menos alguien más se de cuenta del valor de este blog jeje

  3. luciernagas permalink

    Desconocido, agradezco tu comentario. Permíteme añadir que esas palabras me sugieren una cualidad detrás del pseudónimo. Me refiero a esa clase de virtud que sin pretenderlo mostramos a los demás cuando les señalamos aquello que nos parece admirable. Así pues, amable desconocido, lamento decirte que ahora creo conocer algo de ti. Algo bueno.

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