Skip to content

Bibliofilia

julio 24, 2008

En alguna ocasión he admitido que llevando los pantalones puestos nada me gusta tanto como leer. Pero confieso que mi gusto por los libros va más allá que la simple lectura. Aprecio de manera especial el objeto en sí mismo. Un libro me parece algo hermoso. A menudo me siento acogido por ellos, me acompañan, y hacen que me encuentre confortable con independencia del lugar en el que nos hallemos. A veces me siento llamado por un ejemplar en particular. Como el otro día, que adquirí con emoción una cuidada edición de un debate entre dos autores extraordinarios: Bertrand Russell y J. B. S. Haldane. Otras veces me embargan los celos y ansío su posesión para leerlos con voracidad. La sinrazón despertada por la razón, supongo. Mi biblioteca personal contiene unos 1.000 títulos, sin contar novelas, poesía, ni otros géneros diferentes al ensayo. De ellos he leído hasta la fecha una fracción minoritaria, aunque de prácticamente todos ya he disfrutado extractos. Por supuesto, esta pasión por los libros no es singular. Ni esta especie de fetichismo que despierta el libro en algunas personas. Recuerdo haber leído que Mircea Eliade, admirado por su gran erudición, tenía una colección de 100.000 volúmenes, y no puedo dejar de sentirme identificado con la determinación que acompañaba a Fray Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa, salvando de la hoguera, prendida por el dogmatismo y la intolerancia, las obras de Aristóteles, entre otros. Hermann Hesse escribió sobre esta extraña relación:

Quien se ha familiarizado un poco con el mundo imperecedero de los libros pronto entrará en una nueva relación, no sólo con el contenido, sino con el libro mismo. Se nos predica con frecuencia el deber de leer libros y de comprarlos, y yo, como viejo amigo de los libros y poseedor de una pequeña biblioteca, puedo asegurar por experiencia que la compra de libros no sirve únicamente para dar de comer a libreros y autores, sino que la posesión de libros (a parte de su lectura) ofrece sus propias alegrías y comporta su moral específica. Un goce, por ejemplo, y un deporte delicioso puede ser el ir creando, con muy escaso presupuesto, a base de utilizar las ediciones más baratas y con el repaso constante de numerosos catálogos, paulatinamente y con vista, tenacidad y astucia, una pequeña pero bonita biblioteca.

Siendo una debilidad materialista, me apresuro a declarar que ningún objeto vale lo que la persona más deleznable.

Anuncios
6 comentarios
  1. Bueno, yo soy hijo de libreros :), así que te entiendo bien, pero aun teniendo tanta cantidad de libros no me siento a gusto porque la mayor parte está desaprovechada, dejada a un lado por la apatía y la mala gana.

    Cuando algunos (economistas, abogados, filósofos…) de mis amigos entran a mi casa empiezan a babear pensando en tener una biblióteca así en sus casas, algunos se quedan mucho tiempo ojeando el material cual hambriento indigente que entra en un supermercado lleno de comida (no me gusta dejar libros porque desaparecen rápidamente). Y así me siento, teniendo tanta comida que se va a echar a perder, y no poder hacer nada. Incluso tenía la idea de montar una biblióteca privada en mi propia casa, con sistema de seguridad, mesas y sillas, iluminación jejeje 😉

    Saludos

  2. luciernagas permalink

    ¡Vaya!, supongo que es una suerte crecer rodeado de libros

  3. No creas ehh

    Ahora estoy buscando ediciones muy antiguas de determinadas obras, mayormente de filosofía alemana del siglo XIX.

    Este verano me traeré de Londres algunos títulos difíciles de encontrar aquí, sobre todo de ajedrez, ya pondré alguna foto de ellos en el blog cuando vuelva a principios de septiembre.

    mm El principito, ese libro lo tuve que leer en la Universidad hace ya algunos años para un seminario, en fin, demasiado fantasioso, seguro que el mensaje de fondo te gustó 😉

  4. DULCINEA permalink

    ¡Qué bonito libro! Recuerdos de infancia.

  5. luciernagas permalink

    Un libro para todas las edades.

  6. A mi el principito también me lleva a la infancia. A una muy temprana, tanto que puede que demasiado para abordar un libro de esas características. Si a eso unimos que la recomendación de leerlo vino de un profesor cuyo resumen del libro se limitó a la frase: “Quiero que me domestiques” lo que tenemos es un montón de prejuicios por mi parte claramente indignos para un libro de esta categoría.

    Tengo una cuenta pendiente con ese libro, espero saldarla algún día y darle el trato que realmente merece.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s