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El desafío Chamberlain

agosto 11, 2008

En 1974 Robert Nozick plantea una importante objeción a la cara más amable del liberalismo, la teoría de la justicia distributiva de John Rawls. Imaginemos que el jugador de baloncesto Wilt Chamberlain firma un contrato con su club que establece que cobrará una fracción del precio de cada entrada vendida en cada partido. Supongamos también que el público está entusiasmado con su talento y acude en masa al estadio, de tal manera que al cabo del año gana mucho más dinero que la media de sus conciudadanos. Su enriquecimiento se debe al libre ejercicio de los aficionados. Pagaron porque quisieron, disfrutaron, y el público quedó satisfecho. Estaban en su derecho. ¿Por qué esta desigualdad iba a ser injusta? ¿Por qué iba a intervenir el Estado para devolver a los aficionados parte del dinero que entregaron voluntariamente? Si se cree en el derecho a la propiedad privada entonces el Estado debería respetar la libre decisión sobre lo que nos pertenece, siempre que no implique una merma en la libertad de los demás. Así opinan los liberales de derechas, que no dudan en considerar los impuestos esencialmente como una forma de robo y consideran que la intervención del Estado debe ser mínima. Sin embargo, sería más correcto referirse a ellos como libertaristas, pues en aras de la libertad individual adoptan ciertas posturas tradicionalmente defendidas por la izquierda. Por ejemplo, defienden la legalización de las drogas y de la prostitución, la libre movilidad de los emigrantes, y se oponen al servicio militar obligatorio. Sospecho que entre los manifestantes abanderados de la estrella roja hay muchos ultraliberales juzgando a diestro y siniestro de reaccionarios, aunque ellos todavía no lo saben. Sin embargo, Nozick y el resto de liberales no igualitaristas están equivocados porque el supuesto básico que afirma que el individuo tiene derechos naturales que preexisten al Estado es falso. Algo que ya planteara Rawls siguiendo a Kant. Si nos damos unas instituciones políticas no es para proteger derechos, sino formas de actuación que pensamos moralmente aceptables. Si afirmo tener derecho a la propiedad privada es porque previamente fue instituido por el Estado, porque así lo hemos acordado, pero bien pudiéramos haber deseado algo diferente.

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From → 06. Seísmos

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