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Soledad, sociedad, libertad

agosto 14, 2008

En varias ocasiones, en la forma de estos escritos breves, destacaba la importancia de la soledad como condición para el autodescubrimiento, a su vez básico en la construcción de una relación sincera con los demás, pues una relación interpersonal verdadera es una relación entre agentes que se saben únicos, a pesar de no disponer de todas las respuestas. Tales individuos no renuncian a ser libres y aceptan la incertidumbre como un ingrediente fundamental de la vida. No una masa informe, no un movimiento automatizado, sino individuos libres pensando por sí mismos, cuestionándolo todo a su alrededor, y actuando de acuerdo con su singularidad. Intuyo que el conjunto será sorprendentemente armónico porque aquel descubrimiento de la libertad constituye en realidad un descubrimiento de los límites. Lejos de ser una manifestación antisocial, la soledad resulta fundamental en toda sociedad que pretenda ser justa. Hanna Arendt se refirió a esto, si bien admito que mi interpretación guarda un cierto tufillo metafísico:

La importancia política del descubrimiento socrático está en la afirmación de que en la soledad, que antes y después de Sócrates se consideró requisito y habitus profesional exclusivo del filósofo y que la polis consideraba antipolítico, era por el contrario condición necesaria para el buen funcionamiento de la polis, incluso una garantía mejor que las reglas de conducta puestas en vigor por las leyes y el miedo al castigo. […] Nosotros, por otra parte, quienes conocemos la experiencia de las organizaciones de masas totalitarias, cuyo objetivo primero es eliminar toda posibilidad de soledad, excepto en su forma no humana de confinamiento, podemos dar testimonio, sin ninguna dificultad, de que todas las formas de conciencia, tanto secular como religiosa, quedan abolidas en el momento en el que ya no está garantizada la más pequeña posibilidad de que uno esté solo consigo mismo. El hecho frecuentemente observado de que la conciencia misma deja de funcionar bajo condiciones totalitarias de organización política, y ello independientemente del miedo y del castigo, es explicable a partir de estos factores. Nadie es capaz de mantener intacta su conciencia, si no puede actualizar el diálogo consigo mismo, es decir, si carece de la soledad que requiere toda forma de pensamiento.

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