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Los amigos

agosto 21, 2008

El libro de los abrazos está repleto de historias que agitarán tu interior. En una de ellas, Eduardo Galeano celebra la amistad mediante el lenguaje recordando tiempos oscuros vividos por Mario Benedetti. Sus párrafos a menudo son bellos, pero su mayor riqueza se halla fuera del texto. En todo eso que dicen, una vez que se ha interiorizado la última palabra. He aquí la muestra de lo que afirmo:

En los suburbios de La Habana, llaman al amigo mi tierra o mi sangre. En Caracas el amigo es mi pana o mi llave: pana por panadería, la fuente del buen pan para las hambres del alma; y llave por… —Llave, por llave —me dice Mario Benedetti. Y me cuenta que cuando vivía en Buenos Aires, en los tiempos del terror, él llevaba cinco llaves ajenas en su llavero: cinco llaves, de cinco casas, de cinco amigos: las llaves que lo salvaron

A una amiga mía la llamo a veces niña. No es una llamada desde las alturas, sino el reconocimiento de otro niño. Porque cuando las personas viven confiadamente una amistad son niños los que se encuentran. En una imagen idealizada de la amistad, los amigos son mi tierra cada vez que me ofrecen cobijo, mi sangre cuando en ellos me reconozco, mi pan cuando me hacen crecer. Son la llave que me descubre el niño que soy, la misma que me salva.

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