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El Tao del auriga

agosto 26, 2008

De entre los principios necesarios para callar que destacaba el abate Dinouart, mi favorito es el que reserva para el último lugar:

El silencio es necesario en muchas ocasiones, pero siempre hay que ser sincero; se pueden retener algunos pensamientos, pero no debe disfrazarse ninguno. Hay formas de callar sin cerrar el corazón; de ser discreto sin ser sombrío y taciturno; de ocultar algunas verdades sin cubrirlas de mentiras

Personalmente, yerro mucho a la hora de callar. Es algo laborioso para mí, que tengo un temperamento fogoso y un poco egocéntrico. Sin embargo, percibo la mentira como un daño auto inflingido, pues implica una infidelidad con uno mismo en la medida en que se valore la verdad. Y viajaré a la deriva si no mantengo el rumbo que me marca el corazón, aquellos valores en los que hayas puesto la voluntad. Las mentiras no dejan de serlo por su tamaño y las que son consideradas pequeñas guardan incluso un peligro particular al suponer zancadillas menospreciadas. Pero tales despistes, porque en esencia esto se me antoja una cuestión de atención, pueden llevarnos a perder de vista la senda casi sin darnos cuenta. Si la sinceridad constituyese una guía fundamental en nuestras vidas, entonces el silencio cobra un protagonismo especial por varios motivos. En primer lugar, porque debe servir para proteger al otro. Y es que sentirse adueñado por la verdad no te da derecho a avasallar a nadie, penetrando como un tirano en el ámbito de libertad ajeno. Respetar tales límites es fundamental y, en este sentido, la verdad no constituye un salvoconducto privilegiado. Esto es más fácil de decir que de llevar a cabo, pero toda la dignidad que te proporciona esa fidelidad se pierde en el mismo instante en que pretendes que justifique tu egoísmo. En segundo lugar, porque debe servir para protegerte a ti mismo. Intuyo que la confianza nos hace más fuertes que vulnerables, que el amor es más prudente que el temor, pero el silencio evitará un exponerse osado y nos vestirá de conveniente humildad. Porque las palabras a menudo manifiestan nuestro afán de control, un miedo a la pérdida, y el silencio, sin embargo, respeta el lugar de las cosas y te prepara para aceptar todo ese movimiento que en realidad no te pertenece. Si las palabras son las riendas que sujetan purasangres apasionados, nerviosos y a veces inseguros, acariciarás sus cuellos robustos con el silencio.

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