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Búsqueda sin término

septiembre 22, 2008

No es casualidad que haya adoptado el mismo título que exhibe la autobiografía intelectual de Karl Popper. Insistiré una vez más en una inquietud que me persigue desde la adolescencia: la ausencia de certidumbres como fuerza motriz en una senda interminable de descubrimiento. Paradójica intuición que va más allá de la mera explicación del proceso de descubrimiento científico, en mi opinión. Así, pienso que afecta además a cualquier otra dimensión del conocimiento, lo que incluye al arte, por ejemplo. La tensión que se establece entre la capacidad de vislumbrar la verdad y la imposibilidad de alcanzarla en su plenitud, se me antoja lo más característicamente humano. Y el arte, la ciencia, la filosofía, la sociedad, el progreso donde lo hubiere, guardan una forma única en su complejidad como consecuencia de esa búsqueda sin término a la que está condenado el hombre. La verdad es tan seductora como esquiva. Es un canto de sirena que nos atrae irremediablemente, pero en lugar de hacerlo hacia la muerte nos aleja de ella mientras sigamos en un movimiento encantado. Entonces bailamos al son del enigma, que sólo se resolverá en la muerte. En palabras de Rafael Argullol: “Dentro de nuestro mundo de incertidumbre, de conciencia de la contradicción y del enigma, de imposibilidad —aunque sea una imposibilidad fértil— de alcanzar la verdad, tal vez la posibilidad de conformar, de ordenar y de armonizar sea el único recurso que le queda al hombre para regir la tentación autodestructiva del abismo”. El mismo autor recordaba en uno de sus libros una cita de Agustín de Hipona: “Buscaremos, pues, como si fuésemos a encontrar, pero nunca encontraremos sino teniendo que buscar siempre”. Creo que la sabiduría reside precisamente en este no-saber o, si se quiere, en un saber de la ignorancia, algo muy socrático, supongo. Laín Entralgo solía decir que lo único cierto es lo penúltimo, mientras que lo último siempre permanecerá incierto. Aunque nuestras certezas no sean definitivas, las necesitamos para ser libres o al menos vivir la ilusión de la libertad. Porque la libertad consiste en la esclavitud del camino. Puede que hallemos la libertad en el conocimiento, pero la sabiduría supone abrazar la incertidumbre, el desconocimiento, resistir la mirada del abismo, tal y como quizás diría Nietzsche. En el horizonte siempre se encontrará el misterio, en esa bella visión radica la gracia y la tragedia humana.

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