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El homúnculo genético

septiembre 23, 2008

En los tiempos que corren no es extraño encontrar científicos y filósofos que, en cierto sentido, ubiquen la naturaleza humana en nuestros genes. Por ejemplo, recuerdo haber interpretado de esta manera a Jesús Mosterín, y ocasionalmente discuto sobre ello con mi jefe, un científico al que admiro. Esa naturaleza genéticamente revelada, que algunos como Ortega o Foucault parecían negar al poner énfasis en la historia, es uno de los presupuestos básicos de la sociobiología y de su heredera la psicología evolutiva (me refiero a esa teoría a la que tanto han contribuido autores como Cosmides, Tooby y Buss, entre otros). Semejante idea radica en la supuesta existencia de rasgos psicológicos en el hombre que son universales, independientemente de las diferencias culturales. Además, tales rasgos deben constituir adaptaciones biológicas originadas por la selección natural. Este principio, en mi opinión muy discutible, implica a su vez un papel preponderante de los genes en la constitución no sólo de tales rasgos complejos, sino del fenotipo en general. Richard Lewontin ha insistido en varias ocasiones sobre la fertilidad y los riesgos del uso de metáforas en la ciencia. Comparto su opinión de que una de ellas no está siendo correctamente identificada. Se trata de la visión del fenotipo como esencialmente contenido en el genotipo. El desarrollo es demasiadas veces visto como el revelado del programa genético, como si se tratase de un revelado fotográfico en el que la imagen se va definiendo poco a poco. En este sentido, la metáfora es muy similar al homúnculo habitando el espermatozoide del siglo XVIII, nos recuerda Lewontin. Pero las cosas están lejos de ser así, pues el desarrollo conlleva la interacción dentro del genotipo, con el ambiente y, por supuesto, el azar jugará su papel. No voy a negar la importancia de los genes, al fin y al cabo me dedico a la genética, pero sospecho que su influencia está exacerbada. Al contrario de algunos marxistas, quiero pensar que esto se debe principalmente a razones heurísticas inocentes. Así, podría ser una consecuencia de los extraordinarios avances que la disciplina ha experimentado en los últimos años, avances que fueron posibles gracias al análisis y el descubrimiento de las unidades básicas. En mi opinión, nos encontramos en plena onda expansiva de tal explosión de conocimientos, y el ruido es todavía ensordecedor para prestar la debida atención al cambio de paradigma que está por venir, el estudio de la interacción. Digamos que asistimos a un monólogo en esta obra, pero el sentido no se desvelará hasta que todos los personajes se encuentren y pueda descifrarse su papel.

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One Comment
  1. Es interesante la reflexión que haces.
    Está claro que leyéndote desde el principio, uno de los temas que te preocupan es la libertad personal ante ti mismo y la libertad personal ante los otros, llamémosle sociedad. Estas dos libertades, digamos que pueden estar controladas: en mayor o menor medida, somos responsables de tenerla o de perderla.
    Además incluiría en esta ecuación, la libertad biológica y esa es la que sin duda provoca más miedo, ya que si nuestros genes (genotipo) influyen tanto en nuestra forma de ser (fenotipo), ¿dónde está nuestra libertad biológica?

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