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Cuervos y aves del paraíso

septiembre 26, 2008

En el orfismo la noche es ovípara. La noche, el vacío, el abismo, ponen un huevo de donde nace el amor. Las dos mitades de la cáscara partida dieron lugar al cielo y a la tierra, respectivamente. El amor hace que ambas cobren sentido, dotando de coherencia al cosmos. A veces se simboliza al amor como un niño indicando su jovialidad imperecedera, su indisciplina, su espontaneidad, su irresponsabilidad. Este niño, casi siempre travieso y juguetón, pero grávido de esperanza, tal vez constituya mi única certeza. Por supuesto, mi condición de enamorado inmediatamente me convierte en alguien sospechoso, especialmente si tenemos en cuenta que mi corazón está intacto, sin la más mínima mella, a pesar de mi edad. Digamos que, siguiendo a Rilke otra vez, dispongo de flores durante largo tiempo arregladas. Una aquí, otra allá…, un ramo pacientemente dispuesto para ser entregado. Es verdad que no son camellos, tan valiosos para las gentes del desierto, sino tan sólo un ramo sincero, sin dobleces ni maquillajes. Y ha querido sabe Dios quien, que vaya a ser para alguien opuesto a mi, como si las emociones hubieran sido dirigidas por la fuerza electromagnética. Acariciadas por la luz. Y no me refiero a cosas como que a ella le guste el pop y a mi el jazz; bese delicadamente y yo con ansia; ataque los crepes cuadrados en sentido diagonal, en lugar de hacerlo como yo, en horizontal; agrupe las miguitas del plato, o guste de vestirse de todos colores del arco iris estando yo aquejado de una pertinaz inclinación al negro y a la dispersión despreocupada. No me refiero a cosas como que a ella se le enfríen los pies y a mi las manos; que disfrute de las comedias románticas y yo del cine negro, que prefiera la playa a la montaña, o que su mesa de trabajo esté exquisitamente ordenada y repleta de bolígrafos de colores, mientras que la mía parece haber sido sometida al registro apresurado de un delincuente y no dispone de otra cosa que de lápices viejos para tomar notas. No, somos realmente distintos. En general, las personas suelen escoger a compañeros con gustos afines a la hora de constituir una pareja, pero lo cierto es que el amor simboliza siempre la unión de los opuestos, como el cielo y la tierra. Esa integración de antagonismos también está simbolizada por la cruz, síntesis de lo vertical y lo horizontal, y por la íntima unión entre el yang y el yin. Occidente y oriente. Y es que, en la medida en que exista diferencia y no eclipse habrá una oportunidad para la síntesis, es decir, para el amor.

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From → 10. Diezmito

One Comment
  1. Querido Romo celebro que el embrujo del amor te atormente en las noches solitarios ¡Qué largas e inacabables semejan!
    Sin embargo he de decirte que eso de que las personas suelen escoger compañeros con gustos afines para formar pareja no me parece demasiado cierto y de serlo, no me parece conveniente para que una pareja sobreviva al desgaste de la rutina y al paso del tiempo. Las parejas duraderas que conozco, no pueden ser más distintos, lo bueno del asunto es que pasados los años las parejas parecen converger en una serie de aspectos y parecer similares, pero eso es efecto del camino trazado en conjunto, una hermosa consecuencia de la vida en común.

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