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La estética de la ética

octubre 10, 2008

Me dicen que dijo Andy Warhol: “Cuando una persona es la belleza del momento y su aspecto está realmente al día, y entonces cambian los tiempos y cambian los gustos, y pasan diez años, si mantiene exactamente el mismo aspecto, y no cambia nada y se cuida, sigue siendo una belleza […] debes conservarte igual en períodos en que tu estilo ha dejado de ser popular porque volverá y una vez más serás reconocido como una belleza”.

No comparto la visión posmoderna de la belleza que hay detrás de estas líneas. Es verdad que nuestra idea de lo que es bello ha cambiado notablemente a lo largo de la historia y que, en un mundo pluricultural, para un mismo momento de la misma es igualmente variable en cuanto está determinada por la cultura. Sin embargo, esto no significa que no exista una belleza objetiva, pues es lógicamente posible que toda esa diversidad descanse sobre un sustrato común. Si bien sospecho que una definición satisfactoria supondrá siempre un desafío, opino que lo que hace bella a una persona de cualquier época y lugar es una cierta fidelidad a su propio proyecto personal. En mi opinión, la belleza es la expresión sincera de una singularidad personal que se dignifica a través de la acción. Esto implica que la misma belleza está al alcance de toda persona, pero se expresará de manera diferente. Así pues, no es a un estilo a lo que hay que mantenerse fiel para reflejar la belleza, como dice Warhol, sino a uno mismo. Se trata de dos cosas diferentes a menudo confundidas. Y es que admitiendo que la persona tiene límites infranqueables, lo cierto es que siempre estará inacabada; mientras que el estilo es algo rígido e impuesto desde fuera, es algo artificial. El estilo consiste en una estética particular que la persona asimila para mostrarse en sociedad, para “venderse” mejor. Pero el camino de la belleza es exactamente el opuesto. No consiste en abrazar una estética para mostrar lo que se quiere ser, sino en averiguar con humildad quien se es para saber quien se puede llegar a ser. En este sentido, mantenerse fiel al estilo supone una huida nostálgica de sí mismo. La estética que me interesa es expresión de la ética. La estética que no me interesa reduce la persona a un medio, el estilo. Es indudable que existen constricciones sociales que determinan nuestra imagen, y no voy a negar la existencia de intereses económicos que utilizan la moda como una forma de manipulación social. Siempre las ha habido y siempre las habrá, pero esto no significa que no podamos ser libres. Al contrario, se da la paradoja de que la libertad sólo tiene sentido en un entorno de limitación. Afrontar el desafío de ser libres consiste en ser uno mismo sinceramente, con independencia del reconocimiento social como belleza, inevitablemente efímero. Porque lo que lo que hace bella a una persona no son las ropas que viste sino las elecciones que toma. Luego, poco importa si la imagen cambia.

Agradezco a Ania que haya estimulado esta reflexión. Ella también me dio a conocer la cita de Warhol.

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From → 06. Seísmos

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