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Física paranormal

octubre 24, 2008

La teoría física comprobada experimentalmente con mayor precisión es precisamente la misma que plantea los mayores desafíos al sentido común. La mecánica cuántica es en este sentido la menos común de las teorías. Creo que fue Richard Feynman quien en cierta ocasión dijo que aquel que afirma comprender la física cuántica no sabe en realidad de lo que está tratando. Y es que a escala subatómica todo resulta demasiado extraño, encantadoramente paradójico. Las partículas parecen estar en muchos sitios a la vez, como si representasen una onda extendida con la mayor discreción; pero en el momento en que son estudiadas se comportan como una partícula discreta, que al dibujar bellas curvas entre burbujas no podría resultar más conspicua (dualidad onda-partícula). Los átomos sufren saltos cuánticos, aparecen y desaparecen como lo haría un conejo de la chistera de un mago, ¡voilà!, o el gato de Cheshire dejando atrás su enigmática sonrisa. Y así pasan de un nivel de energía a otro, pero mientras lo hacen no son nada ni están en ningún sitio, como si durante esa fracción pequeñísima de tiempo hubiésemos sido cegados por la luz irradiada en el ínterin. En ese mundo de fantasía que sostiene la realidad del mundo, dos partículas hermanadas por un origen común parecen intercambiar información de manera instantánea, independientemente de la distancia que los separe. Si se alteran las condiciones de una se ejerce de inmediato un efecto sobre la otra, aunque se encuentre más allá del horizonte (paradoja EPR). En el mundo cuántico, una determinada configuración de la materia que permita a una pelota atravesar un muro de ladrillos tiene una probabilidad asociada. De acuerdo con la idea vulgar que se tiene de la probabilidad, esto significa que si pudiésemos hacer rebotar una infinidad de veces la pelota contra el muro podríamos llegar a verla desaparecer al entrar en contacto con él. Menudo impacto nos causaría el efecto túnel. En ese mundo predominantemente vacío que subyace en la materia más sólida vive y muere simultáneamente el gato de Schrödinger, que es verde y se lo comió una vaca.

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