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Psicología de pacotilla

octubre 28, 2008

Casi siempre encuentro las explicaciones freudianas demasiado especulativas, pero debo reconocer que la contribución de Freud a la definición del inconsciente me parece un descubrimiento verdaderamente revolucionario. Algunas veces observo cómo las personas reaccionamos ante causas que no identificamos explícitamente, pero somos perfectamente conscientes de sus efectos. Este fenómeno es interesante porque pone de manifiesto la influencia que ejerce el inconsciente sobre nuestra conducta. No me refiero a todo ese entramado de instintos o el ello, que a lo largo de la historia personal luchan por superar toda suerte de resistencias buscando su satisfacción. Tampoco me refiero a esa otra estructura del inconsciente freudiano, el superyo, representando el conjunto de enseñanzas transmitidas por nuestros progenitores, y, por extensión, las reglas de conducta impuestas por la comunidad en la que vivimos, en definitiva, la norma. Me refiero a algo mucho más prosaico. A veces nos sentimos agitados por cosas que nos preocupan, pero que, por alguna razón, no deseamos admitir ante nosotros mismos. Entonces enterramos el problema en las profundidades del inconsciente a modo de mecanismo de defensa. Sin embargo, la agitación termina por aflorar tarde o temprano y el yo, incapaz de rescatar la causa, busca desesperadamente una negación o bien una explicación aceptable en el entorno inmediato. En ambos casos asignamos de manera consciente una razón ficticia que justifique la alteración de nuestra bioquímica. Así, podemos proyectar nuestros sentimientos en los demás, esto es, atribuimos a otros lo que está en nosotros. Otra posibilidad consiste en provocar un nuevo problema, de tal forma que nos sirva igualmente para responsabilizar a otras personas de ese estado que no acabamos de comprender. Esto es algo perfectamente natural. No se trata de una cosa maquiavélica ni maliciosa, sino que son estrategias que llevamos a cabo de manera semiinconsciente en un intento de explicarnos a nosotros mismos. Las personas somos complejas y a veces funcionamos de esta manera.

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