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El tercer hombre

noviembre 10, 2008

A finales del siglo VI a.C. y principios del V, los griegos reconocieron de entre los suyos a siete sabios famosos por sus enseñanzas. Entre ellos se encontraban el célebre legislador Solón de Atenas, además de Tales de Mileto, a quien se le atribuye la máxima “conócete a ti mismo”. Una noche, Tales salió a pasear en compañía de una joven tracia y por estar mirando las estrellas se cayó en una zanja. Entonces la joven le preguntó: “¿Cómo puedes pretender saberlo todo de los cielos si ni siquiera eres capaz de ver lo que hay bajo tus pies?” Probablemente, estas palabras ilustren mejor que ninguna otra la razón de por qué Tales suele considerarse el primer filósofo. En cierta ocasión, unos pescadores de la isla de Cos encontraron en sus redes el trípode que había perdido Helena de Troya. Los pescadores habían vendido por anticipado el contenido de las mismas a unos comerciantes de la ciudad en la que había nacido Tales, pero al ver el trípode se negaron a entregarlo. Esto provocó la guerra entre Cos y Mileto. Los combatientes dirimieron su disputa acudiendo al Oráculo de Delfos, que lucía la máxima del filósofo. El Oráculo determinó que la valiosa mercancía fuese entregada al hombre más sabio. El tirano de Mileto, Trasíbulo, consultó entonces con uno de los siete, Periandro, que era amigo suyo, el cual le dijo que el más sabio de todos los hombres era, como no, Tales, el mismo que no tenía los pies en el suelo. Periandro era también un tirano que gobernaba Corinto con mano de hierro. Una vez fue él quien consultó con Trasíbulo sobre cómo se gobierna una ciudad y Trasíbulo lo llevó a un campo de trigo para mostrarle cómo cada vez que veía una espiga más alta que las demás la cortaba ferozmente con la hoz. Periandro regresó más tarde a su ciudad y mandó matar a los mejores hombres de Corinto. Bueno, el caso es que Tales rechazó el honor de ser el más sabio y se fue a ver a otro de los siete, su maestro Bías de Priene, quien pensaba que la mayoría de los hombres son malos y, por tanto, no podía ser feliz. Quizás porque compartía ese mismo pensamiento, Periandro estaba obsesionado con ocultar el lugar exacto de su sepultura. Cumpliendo con su enseñanza “se previsor con todas las cosas”, diseñó un macabro plan para lograrlo. Periandro pagó a dos hombres para que asesinaran y enterraran a un tercero, al que hallarían en un determinado lugar. Después mandó que cuatro hombres persiguieran a los dos primeros, los mataran y también los enterraran. Y luego dispuso que un grupo mayor diera caza a los cuatro. Tras estos preparativos salió al encuentro de aquellos dos, ya que él, Periandro, era el tercer hombre.

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One Comment
  1. Preciosa cita, la de Tales me refiero.

    Un abrazo de todo corazón.

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