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Muertes clásicas

noviembre 21, 2008

Sócrates representa el paradigma del buen morir, del morir con dignidad. Condenado por los Treinta Tiranos a envenenarse, sus últimas palabras fueron dirigidas a Critón: “deberíamos ofrendarle un gallo a Asclepio”. La ofrenda antes de dormir de un sacrificio animal al dios de la medicina, Asclepio, era una práctica común entre los que padecían alguna dolencia y esperaban despertarse curados. Luego el universo iba a sumergirse en Sócrates a través de un sueño de curación. El saber morir de Sócrates puede compararse al de otros como Epicuro y Teofrasto, que murieron rememorando placeres intelectuales, el primero de ellos incluso sufriendo graves dolores. Discípulo de Teofrasto fue Metrocles. Tal era su sentido de la dignidad que intentó dejarse morir de hambre después de tirarse un pedo en un discurso público. Crates, que había sido discípulo de Diógenes, el mismo que se masturbaba en la vía pública, mostró a Metrocles las virtudes de la flatulencia descontrolada. Así que Metrocles decidió esperar hasta una avanzada edad para estrangularse a sí mismo. Su admirado Diógenes moriría aguantando la respiración, aunque hay quien asegura que se atragantó mientras comía pulpo a la gallega. Zenón de Citio también murió evitando respirar y para ello no fue necesario que alguien se cagase en los alrededores. Parece ser que tropezó al salir de la Stoa rompiéndose un dedo del pie. Furioso, golpeó el suelo con el puño y declamó: “vengo por mi propia voluntad, ¿por qué llamarme entonces? Acto seguido, contuvo la respiración hasta morir. Pitágoras, al que también horrorizaban las ventosidades, fue probablemente una invención soñada por los pitagóricos. Sea como fuere, dice la leyenda que murió en un incendio por negarse a cruzar un campo de habas. ¿Por qué los pitagóricos prefieren morir antes que pisar un campo de habas?, preguntó en una ocasión Dionisio a Timica, la pitagórica. Esta, que estaba embarazada y había sido amenazada de tortura en caso de no contestar, se arrancó la lengua y la escupió a la cara del tirano como respuesta. Timica murió por no revelar que Pitágoras encontraba a las habas incómodamente similares a los testículos. Heráclito, que tampoco comía habas, se volvió un ermitaño y terminó por caer enfermo. Entonces buscó la curación haciéndose cubrir con boñigas de vaca. Parece ser que ese día Asclepio estaba ocupado riéndose y el sabio murió asfixiado. Supongo que todo fluye, salvo la mierda bovina secada al sol. Por aquel entonces, la sabiduría de Heráclito era comparable a la de Empédocles, en cuyos escritos puede leerse: “¡Desgraciados, pobres desgraciados, no se os ocurra tocar las habas!”. Para confirmar los rumores de que era inmortal, Empédocles se lanzó al Etna y quedó reducido a una zapatilla. Se dice que Platón murió por una infestación de piojos más reales que ideales y Crisipo, al igual que yo, acabó muerto de risa.

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One Comment
  1. La muerte de Sócrates siempre me pareció un símbolo de dignididad y de sometimiento de las fuerzas de las ley.

    Él que protegía el orden no podía escapar a su propia muerte, sus amigos intentaron salvarlo de la cárcel, pero él, con una gran moral y sacrificio, decidió no irse con ellos y morir bajo el mandato de la ley.

    Demostró una creencia ciega en la Justicia.

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