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Amor y libertad

diciembre 1, 2008

En su justamente celebrada obra, “El arte de amar”, Erich Fromm nos recordaba que el amor no es una mera sensación placentera que nos encontramos en la vida por azar, como si fuera cuestión de suerte, sino una actividad que requiere atención, dedicación y esfuerzo. Uno no se tropieza con el amor, sino que el amor es algo que se obtiene mediante el cuidado, el respeto, y el conocimiento del otro. En virtud de su evolución cultural el hombre se desliga en buena medida de la naturaleza y hace uso de su libertad. El amor constituye una manifestación excelente de este ejercicio. Quienes pretenden explicar el amor en términos puramente bioquímicos o formando parte de una lógica de instintos que encuentra su reflejo en otros animales, particularmente en primates superiores, ignoran, en mi opinión, que la esencia de la naturaleza humana reside precisamente en su cultura. Es este extraordinario desarrollo el que tiñe al ser humano de una singularidad sin parangón en la naturaleza. Así por ejemplo, y parafraseando a Vargas Llosa, sólo entre nosotros reconocemos el erotismo como la dignificación del sexo a través de la imaginación, en último término de la cultura. El amor sólo tiene sentido en libertad, que lejos de implicar una vuelta a la naturaleza, no es posible sin la razón. Y es que el hombre está condenado a ser libre en cuanto hace uso de su razón. Sin embargo, se afana por renunciar a su libertad porque ser libre conlleva la conciencia de sí mismo como una entidad singular apartada de todo lo demás, des-integrada, lo que es causa de angustia. En su intento de evitar la visión de ese abismo que le rodea como individuo, da la espalda a su unicidad buscando la identificación con la masa y acaba borreguizado, convertido en un autómata. Es interesante la apreciación de freudomarxistas como Fromm o Marcuse indicando la posibilidad de que detrás del movimiento por la igualdad en la sociedad capitalista contemporánea exista un proceso semejante de identificación, de conformismo, en definitiva, de renuncia a las diferencias. Este proceso cobra especial importancia para el amor cuando nos referimos a la lucha por la igualdad entre el hombre y la mujer. Así, la identificación de la mujer con el hombre, su imitación de modos de comportamiento eminentemente masculinos, podría significar una renuncia a afirmar la propia feminidad y en este sentido erosiona la dimensión erótica del amor. Pero lo que quisiera destacar aquí es que la única forma que tiene el hombre de superar la soledad existencial a la que lo arroja su libertad es amando. Sólo en el amor interpersonal los sujetos realizan plenamente su propia singularidad al tiempo que se sienten integrados en el mundo. Sin razón no hay libertad, sin libertad no hay amor, y sin amor no hay sentido.

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From → 13. Lo último

One Comment
  1. jajaja Peter Singer!!!!!!!!! que te aproveche!!!! sabes qué opina de los cerdos?

    saludos

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