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La desintegración racional

enero 13, 2009

Alfred Whitehead dijo una vez que toda la filosofía europea no es más que una nota al pie a la filosofía de Platón. Recordemos su epistemología para tirar del hilo, quizás sirva para desenredar un ovillo metafísico. Si el conocimiento es posible, argumenta el genio griego, se debe a que todo lo cognoscible puede referirse a formas ideales que existen independientemente del tiempo y el espacio, realmente fuera del mundo físico, y a las que únicamente podemos acceder a través de la razón. El mundo de los fenómenos, que evidentemente estará circunscrito por lo perceptible a través de los sentidos, será necesariamente efímero e imperfecto, y si resulta inteligible se debe a que puede referirse a una forma ideal. Dicho de otro modo, aquellos universales creados por el intelecto tendrían una referencia objetiva. Por ejemplo, si podemos reconocer un triángulo en la naturaleza es porque observamos su parecido con un triángulo ideal que vislumbramos mediante el intelecto y que, según Platón, existe verdaderamente. Desde un punto de vista platónico las matemáticas no serían una mera construcción intelectual sino que existirían a priori. No serían meras idealizaciones que emergen de la observación de la naturaleza, sino que, al contrario, la propia naturaleza de alguna manera derivaría de un mundo platónico de matemáticas. Es decir, las matemáticas estarían ahí “afuera” aunque no existiese el hombre o el hombre no las inventa, sino que, en cierto modo, las desvela. Siguiendo a Kronecker digamos que “Dios creó los números y el hombre todo lo demás”. Genios científicos como Galileo, Bacon o Leonardo, pronto se percataron de que la naturaleza está escrita en lenguaje matemático y sesudos científicos contemporáneos pretenden confirmar con alambicadas especulaciones la intuición pitagórica de que la esencia de lo real es matemática (véase la teoría de cuerdas, por ejemplo). Luego, llevando la razón al extremo llegamos a desintegrar la realidad, desaparece como por arte de magia irracional, no restando otra cosa que el frío mundo de perfección platónica. En palabras de Roger Penrose: “Cuanto mejor entendemos el mundo físico y más profundamente sondeamos en las leyes de la naturaleza, más nos parece que la realidad física se evapora hasta que nos quedamos sólo con las matemáticas” Y yo me pregunto: ¿podría considerarse esto una suerte de demostración racional del espíritu?, pues si todo lo racional fuese real y todo lo real racional, como decía Hegel, todo se volvería nada. Por otro lado, haciendo el camino inverso, místicos y gurús nos dicen que se derriban los límites de lo finito, que experimentan la desintegración del mundo físico, o lo que es lo mismo, la integración con todo lo real, mediante la meditación. Como si el mundo físico estuviera constituido de razón y espíritu en un equilibrio tan frágil como exquisito.

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