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Reduccionismo y análisis

marzo 25, 2009

En un texto anterior me refería a la desintegración de lo real a través de la razón o al aparente absurdo al que conduce el análisis llevado al extremo. Aun incorporando una crítica más o menos tácita del reduccionismo científico, aquel texto tenía un carácter metafísico que no adoptaré en esta ocasión. El análisis es un procedimiento utilísimo en el conocimiento de lo real y básico para la ciencia, que no debiera ser confundido con el reduccionismo. El análisis consiste en descomponer un sistema integrado y estudiar cada una de sus partes por separado para la obtención de una explicación del sistema en su totalidad. El análisis no presupone un reduccionismo duro porque su utilidad radica precisamente en saber dónde detenerse en el proceso de descomposición, en detectar aquel nivel jerárquico cuyo estudio particular permite recabar la información de relevancia a la hora de explicar el sistema. Esto es importante porque el todo siempre es más que la suma de sus partes. Es decir, el reduccionismo es falso. No es verdad que a medida que avancemos en la fragmentación de partes integrantes se incremente nuestra capacidad explicativa de la globalidad integrada, o al menos, esto casi nunca es así. En general, un proceder reduccionista conlleva ineluctablemente la pérdida de información, muchas veces esencial. Así por ejemplo, las partículas subatómicas de que está compuesto un gato no nos dicen nada del gato en cuestión, aunque este haya pertenecido a Schröedinger. Pero el analizar la anatomía de un gato, estudiando sus huesos y músculos, vísceras, etc., sin duda proporciona una información útil, aunque parcial, para la explicación de lo que es un gato. Pienso que tanto la debilidad del reduccionismo como la fortaleza del análisis residen en tres propiedades fundamentales: la naturaleza jerarquizada de lo real, su conectividad, y la emergencia. Lo real puede ser particularizado, pero al hacerlo se des-integra, y con ello se pierden las propiedades derivadas de la interrelación entre las partes. Estas propiedades emergentes, que no se explican con el estudio individualizado de aquellas, son con frecuencia del mayor interés. Y es que, en palabras de Ricard Solé, todo son redes. Pero una perspectiva holística del sistema a menudo tiene un poder explicativo muy limitado, de ahí que un análisis consciente de la debilidad del reduccionismo que en parte asume sea tan eficaz.

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