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Sobre la lengua

junio 10, 2009

No hacerse entender en una conversación suele ser causa de frustración, pero si la falta de entendimiento conduce a que alguno de los interlocutores se sienta agredido, lo fuera o no, el resultado es un fracaso por partida doble. El otro día fui partícipe de esta desagradable experiencia a propósito de una discrepancia entorno al polémico manifiesto por la lengua común. Encuentro el texto criticable (más abajo esbozaré mi propia propuesta, que ya anticipara en otra ocasión), pero entonces creí honrado abordar la cuestión libre de prejuicios, en la medida de lo posible, resaltando sus aspectos más razonables en una lectura no especialmente detenida. Y es que encuentro básico que exista una lengua común que integre las diversas realidades culturales dentro de un mismo estado. Insisto, que funcione como un instrumento integrador, no homogenizador, en la consolidación de un estado fuerte de ciudadanos iguales en derechos y obligaciones. En cierto momento de la conversación, se presentó el ejemplo de Suiza como una nación en la que no todos sus ciudadanos hablan el mismo idioma, y así carecen de una lengua común. Bien, esto es cierto a medias. Sin duda, Suiza plantea un ejemplo muy interesante de convivencia cultural, particularmente lingüística. Es verdad que no todos sus habitantes, dejando al margen a los inmigrantes, conocen la misma lengua, aunque el 80% de ellos saben alemán. Sin embargo, esto no significa que carezcan de una lengua común, pues tienen tres lenguas oficiales a nivel federal. Es decir “la lengua común” fundamental para el estado son tres. Así por ejemplo, en cada cantón se enseña obligatoriamente en la lengua del cantón correspondiente y en al menos otra de las lenguas oficiales, garantizando el derecho de los ciudadanos a poder dirigirse a las instituciones en cualquiera de las tres lenguas: alemán, francés e italiano. Personalmente, pienso que todos los niños españoles deberían aprender gallego, vasco, catalán y castellano, así como familiarizarse con muchas de las manifestaciones culturales que son peculiares a “los territorios periféricos”. Realmente pienso que tal diversidad es una riqueza de todos. Pero la cuestión de si, tomando medidas de esa índole, un día será factible que las cuatro lenguas constituyan “una lengua común” es muy diferente al uso político de la lengua para causar un enfrentamiento interesado por la búsqueda de mayores cotas de poder asignado a unos determinados territorios. Esta apropiación de la cultura por parte de la política es profundamente mezquina e insolidaria. De nuevo, la lengua debe servir para unir y no para separar. Mi receta para acabar con el centralismo no es exaltando a la periferia, sino atomizarlo de manera democrática, descomponerlo hasta que quede reducido al ciudadano. El centro ha de situarse en la persona, venga de donde venga.

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From → 06. Seísmos

3 comentarios
  1. Juan P. permalink

    Aunque la lengua se supone que sirve para comunicarse, en este país se utiliza muchas veces, para dividir y diferenciarse.
    Compruebo, cada día, que el tener tantas lenguas solo sirve, paradójicamente, para incomunicarse.
    Estas en los bares o con tus hijos en los columpios, la mayoría de los padres hablan castellano, unos pocos euskera, desde luego que los padres que hablan en euskera hablan entre ellos y los que hablan castellano hablan entre ellos. Vivimos juntos, sin mezclarnos, en mundos opuestos.
    Y los niños… lo mismo, le hablas en castellano a un niño euskaldunizado y se te queda mirando como si le hablases en chino.

    A mi esto me causa una profunda tristeza, pero a eso nos lleva el “progresismo” de nuestros gobiernos.

    Puestos a hablar de utopías (como que todos los niños españoles hablen euskera, gallego, castellano y catalán ) a mi me gusta más la utopía en la que todo el mundo habla la misma lengua (esperanto lo llaman) y que las diferencias culturales se basen en otras particularidades que no sean el lenguaje.

    Evidentemente, acercándome mucho a mi utopía, prefiero que mis hijos aprendan lenguas con las que puedan comunicarse con más gente (inglés o francés) y puedan viajar o trabajar con gente de todo el mundo.

  2. mario permalink

    Estoy bastante de acuerdo con juan, ¿Qué es progresismo? Lo que hemos hecho en España o lo que hicieron en Francia y otros países europeos (potenciar una sola lengua para comunicarse y prescindir de las demás lenguas minoritarias)
    Ahora esos países, con hablar 2 lenguas (francés e ingles o ingles y alemán) tienen un potencial comercial mundial, están entre los más poderosos del mundo y nosotros cada vez más separados y divididos, con regiones que parecen reinos de taifas y cada vez alejándonos más del nivel de vida de esos países.
    Con el euskera y catalán o gallego, vete al extranjero a vender y trabajar. Así nos va, parecemos aldeanos en nuestra terruña.
    Y que no me digan que los niños pueden aprender a la vez euskera, castellano, ingles y francés, que eso lo harán muy muy pocos. La mayoría nos quedamos con una lengua o dos y algunos se quedarán solo con su lengua madre; euskera, catalán o gallego y no podrán salir ni de de su aldea.

  3. luciernagas permalink

    Trataré de explicar brevemente por qué no estoy de acuerdo con vosotros. Pienso que la principal razón de nuestro desacuerdo estriba en que yo no creo que la utilidad sea un criterio fundamental a la hora de juzgar el valor de una cosa. Me explico, la lengua es mucho más que un mero sistema de comunicación, constituye una manifestación cultural de primer orden. El sistema de comunicación podría residir básicamente en esa gramática universal a la que se refiere Chomsky y que parece ser innata, digamos que lo que se precisa para comunicarnos es una estructura idéntica para todos los pueblos. Todo lo demás, lo que es variable, es un testimonio de una historia cultural particular que es única, de ahí que la pérdida de una lengua es, en mi opinión, algo indeseable, aunque sólo sea por motivos estéticos. Aunque sólo sea porque constituye la pérdida de una oportunidad, una oportunidad para aprender más sobre nosotros mismos. Es cierto que las lenguas pertenecen a los pueblos y se transforman con ellos, pero esto no nos exime de cierta responsabilidad en su protección. Yo no creo que un mayor conocimiento de la diversidad cultural que nos enriquece como pueblo comprometido en un proyecto común sea una utopía, al contrario, sospecho que la ignorancia está siendo alimentada por intereses políticos asociados al nacionalismo. Es alimentada por un nacionalismo español rancio, descerebrado y recalcitrante que tilda de pobres aldeanos a quienes no hablan como ellos; y por los nacionalismos periféricos que, con cada día de democracia, ven agotada cada vez más la mitología de la que se alimentan, basada en el perjuicio causado por el “imperialismo dominante venido de afuera”. La ignorancia permite ocultar la apropiación ilegítima que el nacionalismo político hace de la cultura y le sirve de aliada. Pero el verdadero pensamiento de izquierdas radica en el cosmopolitismo, en la caída de fronteras, en la afirmación del individuo y en la superación de una endogamia cultural que sólo puede ser empobrecedora.

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