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¡Esto es un atraco!

agosto 19, 2009

A riesgo de que se me interprete defendiendo una suerte de determinismo semántico, que me apresuro a calificar de obviamente falaz, diré que las palabras guardan secretos clarividentes. Un nombre como Stradivarius tenía que dar lugar a bellos instrumentos de cuerda liberando sonidos del cielo y otro como Dillinger, que suena como un fabricante de revólveres, mejor que Colt, demasiado breve, y tan bueno como Remington, tenía que liberar sonidos del infierno. “Enemigos públicos” es la película de Michael Mann que más me gusta y, sin embargo, adolece de defectos imperdonables, empezando por el final. Ver las palabras abrirse camino a través de la mejilla del héroe en un borboteo inteligible habría supuesto un brillante colofón, pero la plebe parece ansiar estropicios sensibleros. Esta frustrante sensación me acompañó a lo largo de la película en un tira y afloja que nunca llegó a vencer mi resistencia, ni siquiera al final. Escenas magníficas coqueteaban con tópicos del cine negro que ya hemos visto múltiples veces sin llegar a agotarnos. Ni siquiera me convenció del fracaso un pésimo Johnny. Porque la película tiene momentos de cine con mayúsculas, maravillosos, comenzando sin otra música que el escupir de unas armas perfectas, un moribundo arrastrado por una belleza de ocho cilindros fue un perfecto morir… La pulcritud y la proximidad con que está filmada prevalecen sobre un Johnny que, interpretando más que atracando, contribuía a la gran depresión; y la inteligencia narrativa lo hace sobre una historia simplona. Gracias a un superficial Johnny profundo la visión romántica del mito nunca llegó a mi corazón, apenas resulté herido en otra cosa que no fuera mi orgullo. Y es que después de ver “Enemigos públicos” me pregunté si el público no es el enemigo, enemigo de la obra maestra que pudo haber sido. (***)

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One Comment
  1. Personalmente no me ha gustado mucho Enemigos Públicos, le falta alma, para contar la vida de un hombre al límite, para narrar el amor a primera a vista, para encumbrar al mito que fue en vida John Dillinger. Visualmente efectista te engaña por los ojos, lo que no es capaz de llegar al corazón.

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