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El hombre y la lombriz

marzo 4, 2010

Decir que una especie, digamos el hombre, está más evolucionada que otra, digamos la lombriz, resulta equívoco en varios sentidos. Tal vez se pretenda afirmar con ello que una está “más cambiada” que la otra con respecto a su antepasado común, pero entonces confundiríamos causa y consecuencia, pues el proceso que da lugar al cambio es diferente a la dimensión del mismo. Obviamente, al remontarnos en el árbol de la vida hasta el punto en el que confluyen las dos ramas que dieron lugar a ambas especies contemporáneas recorremos el mismo tiempo. Que se haya producido algún tipo de estasis morfológica o el cambio esté diferencialmente constreñido según el bauplan del que se trate, no quiere decir que haya habido menos evolución en unos casos que en otros. Que entre las consecuencias de la evolución pueden producirse fenómenos de convergencia. Que la evolución puede conllevar la simplificación estructural. Que una medida de complejidad estructural funcionaría imperfectamente como medida del proceso evolutivo. Que una cosa es el proceso y otra muy distinta su medida. Por otro lado, decir que una especie está más evolucionada que otra lleva implícito cierta idea de progreso, y una idea de progreso suele ir acompañada de un juicio de valor. El hombre está más evolucionado que una lombriz porque en la escala de progreso evolutivo se encuentra en un nivel superior, se trata de una especie más avanzada y en este sentido es mejor. Y es aquí donde nos deslizamos rápidamente desde la ciencia al ámbito de los prejuicios personales. Pero decir que algo es mejor que otra cosa  sólo tiene sentido en ciencia  si nos referimos a un objetivo concreto, a un propósito. En ciencia, las cosas no tienen un valor intrínseco, lo cual no quiere decir que los valores intrínsicos no la condicionen, sino que los valores científicos son de carácter instrumental, pues sólo los valores instrumentales son empíricamente testables. Por ejemplo, podríamos decir que el hombre está más avanzado que la lombriz porque está mejor adaptado, porque tiene una mayor capacidad para la reproducción y la supervivencia, una mayor eficacia biológica. Sin embargo, no habría manera de comprobar científicamente que la eficacia biológica es buena en sí misma. Además, precisaríamos de un concepto de eficacia biológica que no se refiera a un ambiente determinado, pues es evidente que las dos especies están adaptadas a ambientes muy distintos. Afirmar que una especie está más evolucionada que otra tiene poco sentido precisamente porque la topología del proceso evolutivo es arborescente y no lineal. Cada especie está en su propia carrera por la vida.

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