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En pie con el puño en alto

marzo 24, 2010

Se llamaba una india en la película del sábado. Ese mismo día leía en el diario Público la columna del Gran Wyoming refiriéndose al fascismo que viene. Me quedé de piedra ante lo que denominó “anuncios neofascistas sin fines comerciales” aparecidos de manera recurrente en televisiones “de nuevo cuño” allí donde el PP gobierna con mayoría absoluta. Dice el presentador, yo no los he visto, que en ellos se vierten mensajes, tales como “el socialismo mata”, a la vez que se combinan con imágenes de Stalin, Fidel Castro, Hitler (su inclusión entre los rojos me saca los colores), Mao, y ¡Zapatero! Este último tiene el honor de formar parte de tan selecto grupo, por “matar a cientos de miles antes de nacer”. Por lo visto, en otro de esos extravagantes anuncios aparecen jóvenes de “aspecto progre”, (es de suponer que no vestían un polo azul turquesa) a los que, añade Wyoming, se acusa de estar pensando que hay que machacar a los empresarios o que hay que matar fetos, mas el engendro audiovisual remata con la sentencia “lo importante no es lo que votan, es lo que piensan”. Se supone que las gentes de buena fe deben encontrar evidente la relación entre el socialismo y el genocidio, así como señalar con desconfianza a todo aquel que no piense como ellos, malvado por definición. Me dan escalofríos y náuseas. Todo esto me pone enfermo, la verdad. Es hincarle el diente a la manzana de la sabiduría (pecado), robarle una antorcha a lo dioses (pecado), o morir de inanición en la oscuridad (bendita ignorancia). Desde mi humilde lugar escojo la luz, la libertad, la responsabilidad, el conocimiento, el hombre. El espíritu que me anima es el crítico, que es el único que duda, tornándose la paloma inmaculada en lechuza variegada. Y es que sólo por la boca del necio brota el fruto envanecido del dogmatismo. Intoxica su halitosis repartiendo putrescina y cadaverina por doquier. Pero si el sábado era un mono de piedra, escribiendo estas líneas para arrojar en mi Intifada particular rompía el monolito, y bailando con lobos me sacudía el pestilente aire del fascismo.

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From → 06. Seísmos

2 comentarios
  1. Como decía Marx (Groucho, no el otro): ¡Más madera!

  2. luciernagas permalink

    Prudente precisión.

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