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Descubrimiento tres

junio 4, 2010

Se tu mismo, pues no puedes ser verdaderamente nadie más. Acepta tus limitaciones e inseguridades. No dejes que manos ajenas dibujen sobre un rostro maravilloso. Y es maravilloso porque no hay nadie como tu, nadie lleva tu nombre. Celebra pues tu singularidad. Reconoce tu rostro y el de los demás como lo único importante. El artista genial siente que detallando el fondo de un retrato convierte al retratado en un extraño para el espectador, porque la mirada se distrae con los objetos. Pero si presenta al personaje suspendido entre sombras, emergiendo de la bruma, materializándose en la nada, nuestros ojos no pueden escapar a los suyos. Es entonces cuando su mirada nos revela el enigma interior y nos habla de nosotros mismos. Es entonces cuando se vuelve bello, sincero, cuando todo lo demás está eclipsado por su presencia. Procede de esta manera en el encuentro, que nada importe más que esa impronta única que te acompaña, y que entregas. Cuando muestres tu rostro a los demás despreocúpate de detallar el fondo del cuadro y tomará forma tu fondo. No importa la ropa que llevas, las ideas que dices defender, el grupo de música que te guste, tus logros profesionales… Cuanto más hagas de estas cosas tu tarjeta de visita, más vulgar será la obra que muestras.

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